La primera y única alcaldesa de A Estrada siempre se sintió integrada sin ejercer como feminista
03 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Elvira Fernández Díaz (Becerreá, 1939) va a recibir el próximo 17 de mayo el Salmón de Ouro, la máxima distinción del Concello de A Estrada a sus vecinos ilustres. Elvira, que ahora vive en O Milladoiro (Ames), fue en los años ochenta la primera alcaldesa mujer de A Estrada. De momento, sigue siendo la única. Fue también la primera mujer en ocupar un escaño en la Deputación de Pontevedra, durante el mandato de Mariano Rajoy, y una de las que ayudaron a equilibrar las bancadas del Senado y el Congreso.
«En los años 80, el mundo del poder era masculino total», dice. «Recuerdo que en la Diputación era yo la única. No tenía ni con quien charlar cuando iba al baño», cuenta riendo. «De hablar de trapitos, nada. Pero lo que sí tengo que decir es que a mí siempre me integraron perfectamente. No noté segregación en absoluto. Tuve unos compañeros maravillosos y yo era una más», asegura.
Aunque tampoco le faltan anécdotas: «Una vez, como alcaldesa de A Estrada, yo iba presidiendo la procesión del Santísimo y una mujer se pudo a pedir a gritos que me sacaran de allí. Se desgañitaba diciendo que yo iba haciendo el ridículo».
A Elvira Fernández no le hizo falta reivindicarse como feminista ni dar un golpe en la mesa para hacerse valer. «No fui una gran defensora de la mujer porque no sentí que fuese preciso. Yo salía de las instituciones e iba a tomar los vasos con mis compañeros, como uno más. Nunca noté que hicieran una diferencia conmigo como no fuera para dejarme pasar delante o para cederme el mejor sitio. Nunca tuve necesidad de poner a mis compañeros en orden», cuenta. «Debía ser yo muy echada para delante», reflexiona.
Seguramente está en lo cierto, porque Elvira Fernández dejó claro desde joven que tenía ideas propias y tesón de sobras para perseguirlas.
«Me tocó nacer en la aldea de Vilar de Frades, casi en los Ancares. Trabajé en el Ayuntamiento, estudié Magisterio y, después de aprobar la oposición, trabajé de maestrada en varias zonas de Ourense. Pero la docencia no me convencía. Mi futuro sería andar dando clase por los Ancares, Navia... Y yo no quería esa vida», cuenta. «Decidí ir a Madrid a presentarme a las oposiciones del Ministerio de Agricultura. A mi madre le parecía una locura que quisiera dejar el trabajo de maestra y no me dio el dinero. Pero el cura, Don José, que era como un hermano para nosotros porque mi madre, que era una persona muy piadosa, lo había acogido al ver en qué condiciones vivía en la rectoral, me prestó el dinero para ir a Madrid», recuerda Elvira agradecida.
Aquel empeño cambió su vida. «Al aprobar la oposición hice prácticas en Segovia y luego me destinaron a Becerreá como agente de Extensión Agraria. Llegué a A Estrada en el 68 como agente de Economía Doméstica», explica. «A Estrada es mi sitio preferido. Tengo ahí media vida», dice.
Elvira Fernández impartía cursos de nutrición, de conservas o de cocina por el rural estradense. «Cuando me metí en política, tenía A Estrada trillada por mi faceta profesional. Pisé todas las parroquias y podía entrar en todas las casas sin llamar. No me hacía falta ni pedir el voto», dice.
Elvira se metió en política por admiración hacia el entonces alcalde, Suso Durán (UCD). Al llegar a A Estrada, Elvira conoció al que sería su marido, Juan Valladares. «Tenía su zapatería, Calzados El Globo, frente al Café Central. Los dos íbamos a tomar café allí. Nos conocimos así y ya no nos volvimos a separar nunca», cuenta. «Suso Durán era hermano de la cuñada de mi marido, Aida. Era muy progre para la época y yo siempre tuve una conexión especial con él. Me colocó muy bien colocada», agradece. Tras curtirse en el gobierno de Durán, en 1987 Elvira se presentó como candidata del PNG y fue alcaldesa hasta 1991. Después, encabezó la lista local del PPdeG. Fue la más votada, pero un pacto entre el PSOE y los Independientes de Ramón Campos (una escisión del PP) le arrebató el sillón. Pese a todo, Elvira solo guarda buenos recuerdos de A Estrada. «Fui muy feliz allí», dice.
Ahora, a sus 86 años, Elvira ha desconectado de la política para reconectar con la naturaleza y con el calor de los suyos. «Me encanta disfrutar del jardín, de los paseos... Me siento en la galería y escucho los pajaritos. Llevo una vida tranquila, pero no me aburro», cuenta. Ya no milita en política. Ahora paso de todo», confiesa despreocupada. Aún así, algo siempre queda. «De votar nunca pierdo», confiesa.
El único recuerdo triste que tiene de su paso por la política es el fallecimiento del alcalde que la fichó, Suso Durán.
Como candidata del PP, perdió la alcaldía por un pacto entre el PSOE y una escisión popular. «Fue doloroso en los modos... gajes de la política. Pero yo tenía un buen puesto en la administración. En realidad, me vino fenomenal. No se puede estar toda la vida de alcalde de un Concello», dice.