La economía griega se contrajo el 5,2 % en el tercer trimestre, lo que demuestra la profundidad de la crisis que debe superar el nuevo Gobierno de Lucas Papademos, que aguarda el voto de confianza del Parlamento para empezar a trabajar.
Atenas ha emprendido una carrera contrarreloj para adoptar las nuevas reformas terriblemente impopulares exigidas por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI), para desbloquear una nueva inyección de capital que evite la bancarrota a mediados de diciembre.
El Gobierno de transición de Papademos, integrado por socialistas, conservadores y extrema derecha, se someterá a un voto de confianza en el Parlamento este miércoles, y debe convocar elecciones en unos meses.
En un intento de aplazar la bancarrota, la agencia griega de gestión de la deuda emitió ayer 1.300 millones de euros (1.780 millones de dólares) a tres meses, con unos intereses de 4,63 %, ligeramente superiores al 4,61 % pagado en octubre. Pero la peor noticia llegó de la agencia estatal de estadísticas.
A la contracción de la economía en un 5,2 % del producto interno bruto (PIB) en el tercer trimestre, que eleva la caída interanual al 5,5 %, se suma que la recesión en el primero y el segundo trimestres fue de mayor calado del que los analistas habían previsto.
Todo eso no ha hecho más que ahondar el pesimismo reinante en la Bolsa de Atenas, que cerró la sesión con unas pérdidas de 3,57 %. Los bancos lideraron el hundimiento: el Banco Nacional de Grecia perdió el 11,85 %, Alpha y Eurobank , cuyas asambleas han acordado un proyecto de fusión, un 11 %, y el Banco del Pireo, un 8,37 %.
«Podemos solucionar la crisis más rápido y a un precio menor mediante la comprensión nacional y la cohesión social», dijo ayer Papademos en el Parlamento, en el que espera contar al menos con el apoyo de 250 de los 300 diputados. Para no quebrar, Grecia necesita el desbloqueo de los 8.000 millones de euros del último tramo del crédito concedido por la UE y el FMI en mayo del 2010.