El interés a diez años que tenemos que pagar todos los contribuyentes españoles para refinanciar nuestra deuda pública está tocando mínimos, y con un sobrecoste respecto a lo que tienen que pagar los contribuyentes alemanes de apenas un uno por ciento. En la jerga: menos de cien puntos básicos.
Es, sin duda, una buena noticia de la que conviene aclarar cuales sean sus causas determinantes. En primer lugar debe descartarse que esa caída de los tipos de nuestra deuda a diez años tenga nada que ver con un virtuoso comportamiento de nuestra deuda soberana acumulada. En absoluto. Desde el inicio de la crisis la deuda pública española en circulación ha pasado de un 36 % del PIB a casi un 100 %. De manera que nuestra dependencia de los mercados financieros se ha triplicado y nuestro coste anual en intereses no ha cesado de crecer. En ese período en Alemania (la referencia para la prima de riesgo) han pasado de un 63 % a un 77 %. Si este fuese el factor decisivo nuestra prima de riesgo debiera haberse ampliado.
El fracaso en el control de la deuda no es un factor que explique la menor prima de riesgo y, sin embargo, podría ser una bomba de riesgo que en los próximos meses nos colocara a los pies de los mercados financieros.
Lo que sí podría estar explicando nuestra reducción de tipos a largo plazo es que mientras nosotros estábamos en deflación (un -0,5 % interanual en noviembre), en Alemania la situación era justamente la contraria (inflación del 0,5 %). De manera que un tipo nominal a 10 años del 2 % se convertía en España en un 2,5 %, mientras que un tipo nominal en Alemania del 1 % lo hacía en un tipo real del 0,5 %.
Los acreedores de la deuda soberana española (por ejemplo nuestros bancos y fondos de inversión) aún con una prima de riesgo de cien puntos básicos (un 1 %, diferencia entre por ejemplo un 2?% nominal español y un 1 % nominal alemán) estarían obteniendo una rentabilidad real cinco veces superior (2,5 % frente a 0,5 %). Un negocio macanudo, además con un volumen del 100 % del PIB para refinanciar.
No obstante la prima durmiente podría tener un sueño ligero (como nos demuestran los casos de Grecia o Portugal). Aunque de momento los mercados parecen ignorar el crecimiento galopante de la deuda pública española y también la posibilidad de su reestructuración o auditoría (un escenario realista y plausible incluso para el Financial Times), no estaría de más que el BCE imitase de una vez a la Reserva Federal para conjurar dos riesgos letales: la deflación y el despertar de la prima.
Albino Prada es profesor de Economía en la Universidad de Vigo