
Nos deja tras enfrentar con gran determinación e integridad a una larga enfermedad
24 ago 2025 . Actualizado a las 18:18 h.Ángel Jove fue un destacado empresario de A Coruña (1939-2025), conocido por su labor en los sectores de la construcción y la hostelería. Nos deja tras enfrentar con gran determinación e integridad a una larga enfermedad. Los médicos que lo atendimos fuimos testigos de su inquebrantable carácter y de la forma objetiva con la que aceptaba los diagnósticos cuando la medicina ya no tenía respuestas y fracasaba. Él mismo confesaba que jamás había imaginado la filosofía con la que enfrentaba su propia muerte.
Ángel formaba parte de una selecta estirpe de empresarios coruñeses, visionarios y exitosos, que partiendo de la nada lograron edificar un imperio económico, dejando una huella indeleble tanto en nuestra comunidad como más allá de nuestras fronteras. Era perfeccionista y algo autoritario, aunque siempre asumía la responsabilidad por sus triunfos y fracasos. No comprendía cómo se podía dirigir una empresa sin un responsable último, y extrapolaba este pensamiento al funcionamiento de un país.
Entre sus pasiones se encontraba el motociclismo, llegando a ser probador de Bultaco. La velocidad y el rugido de las motos le valieron el apodo de Peta moito. El mar también ocupaba un lugar especial en su corazón, e incluso cruzó el Atlántico en su propio barco, el Elba. Con gran destreza en la navegación, siempre compartía sus aventuras, aunque admitía que muchas de ellas no las repetiría jamás.
Organizar y dirigir
Le fascinaba organizar y dirigir. Imagino que estas habilidades son fundamentales en el mundo empresarial, pero también son esenciales para la celebración de eventos multitudinarios, de los cuales siempre se sentía orgulloso al ver disfrutar a los invitados. En esas celebraciones descubrimos que sabía tocar varios instrumentos musicales, además de pintar y sentirse orgulloso de su conocimiento en jardinería, lo que nos llevaba a regresar a casa con bolsas llenas de sus cosechas.
Quienes compartimos su vida le llamábamos «el Patrón». Le gustaba ofrecer consejos y no dudaba en insistir si notaba que no le prestábamos atención. Personalmente, reconozco que casi siempre acertaba. Tal vez su experiencia, su inteligencia innata o una visión empresarial como ninguna otra que he visto, fueron las claves de sus éxitos. Le planteabas un problema y te ofrecía una solución al instante. Imagino que esas cualidades contribuyeron en gran medida a su éxito en los negocios.
Su dedicación a sus empresas era inquebrantable. Conocía a sus trabajadores y consideraba a cada uno de ellos como imprescindible, reconociendo las virtudes de cada uno. Su mayor ilusión era crear; cuando terminaba un hotel o un conjunto de edificios, su deseo era comenzar un nuevo proyecto. Muchos de sus hoteles llevan el nombre de sus nietos.
Su última creación fue el museo del automóvil (MAHI), un homenaje a su hijo Jorge Jove, quien fue mi querido amigo desde la infancia hasta que falleció.
Vivir un año más
El Patrón nos pidió que le ayudáramos a vivir un año más, ya que era fundamental para él culminar un complejo proyecto hotelero en Fuerteventura. En confianza, le pregunté si desconfiaba de sus directivos y técnicos. Me respondió que confiaba plenamente en ellos, pero que el problema eran los pequeños detalles. Me explicó que esos pequeños aspectos, en un proyecto de tal magnitud, podían traducirse en costos inasumibles. Reflexioné un tiempo sobre su respuesta y, al final, comprendí perfectamente su perspectiva. Lamentablemente, nos faltó un poco de tiempo para cumplir su deseo.
Comencé este tributo diciendo que nos había dejado. Es evidente que es un error; debería haber dicho que ha fallecido, porque un buen Patrón nunca abandona a su tripulación. Aunque no podamos verlo o tocarlo, seguiremos sintiendo su voz dándonos órdenes y sabios consejos.
Descansa en paz, querido Ángel. Tu amigo,
César Bonome González es director médico del hospital San Rafael