
Los expresidentes siempre han sido calificados como jarrones chinos, que mejor no tocarlos. No está sucediendo en esta campaña, donde todo es susceptible de ser utilizado para arrimar unos votos a un final que promete ser de infarto. No apto para corazones delicados. Es lo que tiene la política de bloques y de bloqueos. Las cuatro papeletas obligan al resucitado bipartidismo a tirar de los expresidentes, los que ya saben lo que es ganar unas elecciones. Solo tenemos esa figura en el PSOE y en el PP. Zapatero multiplica por tres las apariciones públicas (el martes, en A Coruña) que hace Sánchez, que arrancó la campaña midiéndose en público y entregándose en las entrevistas en los platós. Felipe González, de momento, solo ha aparecido vía artículo en una revista y para disgusto de Ferraz. González insistió en sus ideas de grandes pactos entre los dos partidos centrales en la política en España. Lo que menos quiere oír Sánchez. Veremos si aparece en campaña o no. El PP tira de sus dos ex, de Aznar y de Rajoy, pero con objetivos muy distintos.
La segunda juventud de Zapatero. El expresidente de la ceja y los ojos claros está en ruta. Protagoniza lo que ya se ha denominado la caravana B del partido. El Confidencial lo contó citando fuentes socialistas: «Según la lectura de Ferraz, el expresidente suma, es un gran activo y en esta campaña está que se sale. Un chute de energía entre las filas socialistas, que viralizan cortes de sus intervenciones en redes sociales». Zapatero es reclamado y exhibido por las federaciones socialistas en distintos territorios para aprovechar su tirón de haber sido el presidente de los derechos sociales y de la igualdad en este país. No solo va de mitin en mitin, también hace sus bolos en entrevistas en los medios. Dio el paso tras consultar con Pedro Sánchez, que le dijo que «adelante», igual que el lema de la campaña del PSOE. Que aparezca el otro expresidente Felipe González es más difícil. Hay poco enamoramiento entre Felipe y Pedro, el mismo nivel de frialdad ártica que tiene Sánchez con algunos de los barones socialistas o de las figuras del PSOE del pasado como Alfonso Guerra.
Aznar, para los radicales; Rajoy, para los moderados. La estrategia de Génova con sus expresidentes está perfectamente definida. Aznar actuó en plazas como Murcia donde el objetivo es recuperar los votos que se van a Vox. El perfil de José María Aznar es perfecto para ese público más radical. Feijoo, tras el debate, tiene que neutralizar al máxima esa fuga hacia la derecha más derecha. Los mensajes de Aznar son contundentes en asuntos como Bildu y Esquerra. Es el lobo feroz perfecto para combatir a los independentistas vascos y catalanes. Y no hay que olvidar que él mismo fue víctima del terrorismo etarra. El otro expresidente popular que está echando una mano con el permiso de Feijoo es Mariano Rajoy. Su paisano actuó, cómo no, en el mitin de todos los mítines en la plaza de toros de Pontevedra. Sus apariciones están destinadas a pescar en el inmenso caladero de centro que hay en este país. En no dejar escapar ni un solo voto huérfano con la desaparición de Ciudadanos y en atraer a todos los que comparten ese sentido común para todos los públicos del que tanto hace gala Mariano Rajoy.