CANDIDATOS Si hay alguien que se juega más que el resto de los candidatos en estas elecciones es Jaime Mayor Oreja. El que hasta hace dos meses era ministro del Interior y hombre mejor valorado del Gobierno de Aznar puede pasar, a partir del 13 de mayo, a ocupar un asiento de la oposición en el Parlamento de Vitoria.
02 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La apuesta, sin duda, es arriesgada, pero ajustada a la vida de este donostiarra que lleva echándole un pulso a la muerte desde hace veinte años. Fue su tío Marcelino Oreja quien le animó a entrar en política para llenar un hueco en las listas electorales de la UCD de Suárez. Era finales de la década de los 70 y ya no podía ni siquiera ir al cine con su mujer. En los "años de plomo", como se conocerían más tarde, los niños volvían del colegio y preguntaban a su madre: "¿A quién han matado hoy?". Mayor Oreja vio asesinar a muchos de sus compañeros y amigos, con los que tenía que reunirse de forma clandestina para despistar a ETA. La banda terrorista ha sido su gran obsesión desde los pocos meses que estuvo como delegado del Gobierno en el País Vasco, en 1982, cargo que ocupó hasta que los socialistas llegaron al poder en Madrid. Con la Transición concluida en España, Mayor Oreja inició otra personal que le llevó a pasar por el Partido Demócrata Popular (PDP), la Coalición Popular en la que ya aparecía AP, y, finalmente, el partido refundado por José María Aznar que hoy gobierna en España. Entre medio, se lanzó en dos ocasiones a la fallida aventura de formar una nueva fuerza política en Euskadi y abandonó temporalmente la vida pública para trabajar en una empresa privada en Madrid. En 1990 vuelve al País Vasco para participar en el relanzamiento del proyecto de centro-derecha en esa comunidad. Ese año es candidato por primera vez a lehendakari, puesto que repite cuatro años después, en medio de un sensible despegue de la formación de la gaviota. Ya como presidente del PP vasco, es concejal en San Sebastián y parlamentario autonómico en Vitoria hasta que, tras la victoria del PP en las generales, Aznar lo llama para ocupar la cartera de Interior. Es ahí donde empieza la trayectoria del Mayor Oreja que todo el mundo conoce, azote del terrorismo y del nacionalismo y enemigo número uno de Xabier Arzalluz. El 12 de julio de 1997 está grabado a fuego en su mente. Ese día, tras 48 horas de secuestro y chantaje, fue asesinado el concejal popular de Ermua Miguel Ángel Blanco. Es el recuerdo más amargo de una etapa en la que ETA ha acabado con la vida de medio centenar de personas. Pero Mayor también ha tenido momentos de gloria, como la liberación de José Antonio Ortega Lara, la detención de líderes etarras como Kantauri o Txapote y la desarticulación de una quincena de comandos terroristas. El acoso al que sometió a la organización armada obligó a esta última a declarar un alto el fuego indefinido que el ex-ministro del Interior siempre calificó de "tregua-trampa". Muchos le acusaron entonces de inmovilismo, por su prudencia a la hora de ordenar el acercamiento de presos a Euskadi o su escepticismo sobre el diálogo con la banda. Los acontecimientos han acabado por darle la razón y demuestran que quien más ha combatido a ETA es quien mejor la conoce. No en vano compartió colegio con el luego dirigente etarra Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, que estudiaba en un curso inmediatamente posterior y que tiempo después sería asesinado por sus propios compañeros. A los 49 años, Mayor Oreja encara el más difícil todavía. Casado desde los 19 y con cuatro hijos, este ingeniero agrónomo está ante el reto más complicado de su vida: conseguir que la mitad de los vascos olviden de una vez por todas el fantasma del franquismo y la guerra civil, y que entiendan que acabar con la dictadura de ETA tiene prioridad sobre el debate de la autodeterminación. No le será fácil. Su carácter sereno y sobrio no acaba de encajar en una tierra donde el exabrupto y la puya política dominical encandilan a una gran parte de la población. La primera semana de campaña ha demostrado, además, que no es un animal de mitin; ganaría más adeptos en los bares del casco viejo de San Sebastián, donde disfruta charlando con sus amigos y tomando un pincho de chistorra. Mayor Oreja podría seguir cómodamente en un despacho de Madrid, pero sabido es que no le gustan los dulces y en Euskadi vuelve a haber una oportunidad para el cambio.