Juan José Ibarretxe autoriza su primera biografía oficial a los 45 años Billy Wilder, con 90 años, rechazaba las biografías. Juan José Ibarretxe ya tiene la suya a los 45. «¿Un libro sobre mí? ¡Si todavía no he hecho apenas nada!», exclamó el lendakari cuando le propusieron la iniciativa, lo que no impidió que esta semana presentara personalmente la obra en la capital de España. «Ibarretxe», escrito por el periodista donostiarra Javier Ortiz, recoge el contenido de varias entrevistas mantenidas con el actual presidente del Gobierno vasco. En ellas se revela la dimensión política y humana de un hombre habitualmente opaco a los medios de comunicación.
27 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La biografía repasa la trayectoria pre-política de Ibarretxe, sus orígenes humildes ¿el padre era obrero en la fábrica Vidrieras de Llodio, propiedad de la familia Delclaux¿, sus estudios en la Facultad de Económicas y Empresariales de Sarriko (Bilbao), la mili en Cáceres, donde hizo buenas amistades ¿«compartir malos momentos une mucho»¿ y hasta su declaración a la que hoy es su esposa: «Bego, tú y yo somos amigos y nos llevamos bien. ¿Por qué no probamos?». Tras siete años de noviazgo, se casaron y tienen dos hijas, Eneritz, de 16 años, y Nekane, de 12. Ibarretxe desmiente algunos tópicos acerca de sus relaciones dentro del PNV. «Con Joseba Egibar ¿a quien se sitúa en el polo opuesto del nacionalismo moderado que practica el lendakari¿ suelo andar en bici y charlamos con total confianza de cualquier cosa». Sobre su afición al ciclismo comenta: «Suelo decir que conoces más a una persona andando cien kilómetros en bicicleta con ella que conviviendo durante quince días». La gestión de Ibarretxe al frente de la alcaldía de Llodio (Álava), donde tuvo que sacar el municipio adelante tras las graves inundaciones de 1983, fue determinante para su elección como vicelendakari y consejero de Economía por José Antonio Ardanza, quien reconoce que ya estaba pensando en él como posible sucesor. Así llega, en 1998 y en plena tregua de ETA, al palacio de Ajuria Enea. Su discurso marca distancias respecto al de Xabier Arzalluz. «¿La raza vasca? No creo que hoy en día, con las realidades multiculturales y multilingüísticas que vivimos, quepa hablar con propiedad de razas. Lo que sí existe es una identificación con una cultura, con una tradición, con una forma de ser». El Rh lo deja «para los estudios antropológicos». El euskera no es la única lengua de los vascos, «también el castellano lo es, también el francés lo es». Ibarretxe no cree en la territorialidad impuesta. «En el siglo XXI ¿explica¿ no se pueden imponer las patrias. Un proyecto nacional, o es de libre adhesión o no vale para nada». Defiende la autodeterminación, no entendida como secesión, sino como «capacidad para decidir por ti mismo las cosas». «Euskadi puede tener derecho a la autodeterminación y, sin embargo, decidir que quiere tener relación con España», elucubra. Por este motivo, exige un referéndum en el País Vasco y Navarra ¿la posibilidad de que la comunidad foral se una a Euskadi está recogida en la disposición transitoria cuarta de la Constitución¿, aunque afirma que un resultado negativo sería «un fracaso colectivo». Independencia y soberanía son, a su juicio, conceptos decimonónicos. No caben en una Europa unida. Pero advierte: «Si donde se decide es en Bruselas, yo tengo que tener voz en Bruselas». Crítico con el proceso de la Unión Europea ¿«un país no se construye con una moneda»¿, el presidente vasco reivindica un nuevo modelo social y político comunitario. Y, dentro de él, aspira a establecer con Madrid «un nuevo pacto de convivencia». Estas confesiones políticamente correctas se agrían al hacer referencia a sus rivales políticos. Del Gobierno central sólo salva a Rodrigo Rato: «Me parece un hombre inteligente, muy preparado y muy dedicado a su trabajo». Acusa al PP de servirse del terrorismo como bandera electoral, pero no le importa. Un amigo suyo asegura que hace un año, tras el triunfo en las autonómicas del 13-M, exclamó: «Si esto dura una semana más, ganamos por más diferencia. Cuanto más hablan, más votos nos dan».