Una ciudad de rosas y música

La Voz

ESPAÑA

El Concurso Internacional de Rosas Villa de Madrid reunió variedades de ocho países

23 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

La intensidad del olor es, en efecto, uno de los baremos según los cuales se entregan los premios del Concurso Internacional de Rosas Nuevas Villa de Madrid. La edición número 48 de tan perfumado certámen se celebró ayer en la rosaleda Ramón Ortiz del madrileño Parque del Oeste, y estuvo presidida por el alcalde José María Álvarez del Manzano. Hasta 71 variedades florales procedentes de países, como España, Francia o Suiza, fueron valoradas por renombrados expertos en el mundo de la rosa en función del valor ornamental del capullo y la novedad de cada tipo de flor. La competición, sin embargo, empieza mucho antes del exámen del jurado: los rosales son calificados a lo largo de dos años según su vigor vegetativo, la cantidad de flor que producen o su resistencia a las enfermedades. Esta valoración constante se compensa con las decisiones del jurado, que fueron tomadas ayer, y así se designan los ganadores. Además de las medallas de oro, plata y bronce que se conceden a las tres mejores rosas, fueron galardonadas la flor más perfumada y el mejor rosal de cada grupo (miniaturas, híbridos, té, floribundas y trepadortes). Como novedad, ayer se otorgó por primera vez el premio Rosa de Madrid 2003 a la flor que resultó elegida por votación popular. El mítico guitarrista Paco de Lucía ha reunido buena parte de su producción musical en un recopilatorio a la altura de las circunstancias: una caja que contiene 26 discos bajo el nombre Paco de Lucía por descubrir . Francisco Sánchez, aquel niño que con apenas ocho años se subía a los escenarios para acompañar el cante de su hermano, se convirtió rápidamente en uno de los más grandes nombres del flamenco en nuestro país y, por fin, una recopilación exhaustiva le hace justicia. Coincidiendo con el treinta aniversario de la edición de su rumba más popular, Entre dos aguas, la caja contiene tanto discos suyos ya editados -aunque muchos de ellos se encontraban ya descatalogados- como rarezas y piezas poco conocidas del artista, desde sus primeras grabaciones a la tierna edad de 16 años hasta su disco con Ramón de Algeciras. La obra de este maestro de la guitarra, desde 1964 hasta 1998, se presenta acompañada de dos libros, realizados por José Manuel Gamboa y Faustino Núñez, dedicados a la vida y el arte del guitarrista de Algeciras. Además, se han recuperado las portadas originales de los discos y se han remasterizado las grabaciones más antiguas. Tras siete años de espera, el público madrileño se reencontró el jueves con la noche con Bon Jovi, una formación cuya última actuación en la capital se vio frustrada por la alergia de su líder Jon al polen. Esta vez, no sólo no enfermó, sino que demostró que su famosa habilidad para despertar furores adolescentes sigue en buena forma: sobre el escenario, más de cien chicas intentaban en vano superar la valla que les separaba de los artistas cuendo Jon se acercaba a ellas. A las 21:35 de la noche, Bon Jovi salió a escena: en la batería, Tico Torres, con la guitarra solista, Richie Sambora, en los teclados, David Bryan, y, al frente de la banda, su líder: el rubio vocalista y guitarra Jon Bon Jovi. El primer tema, Bounce , caldeó el ambiente del estadio de la Peineta y sirvió de prólogo a las canciones del último disco, como Everyday o Undivided. Tampoco faltaron sus canciones más conocidas: una larga versión de Keep the faith, Its my life, Blade of glory, I¿ll sleep when I¿m dead... Sin embargo, el tema más coreado de la noche fue, sin lugar a dudas, aquel Runaway que fue su primer éxito y recordó a los presentes el pasado más duro de Bon Jovi. Sobre el escenario, un montaje espectacular: tres pantallas gigantes que reproducían las imágenes de los componentes de la banda inmersos en una orgía de luces y colores. Los seguidores de Bon Jovi salieron, en general, satisfechos tras más de dos horas de concierto, donde el público obtuvo, al fin y al cabo, lo que esperaba y, por lo menos, Jon Bon Jovi no sufrió un fulminante ataque de alergia.