El Rey pide diálogo para dar una solución «definitiva» al Sáhara

Paula de las Heras RABAT

ESPAÑA

ALBERTO MARTÍN

El PP acusa al Gobierno de cambiar el posicionamiento de España en este conflicto Don Juan Carlos exhorta a Marruecos a combatir las mafias de la inmigración ilegal

18 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Don Juan Carlos -que se desplazó desde la residencia de Jenane Kébir, que el soberano alauí ha puesto a su disposición en Marraquech, hasta la capital de Marruecos- ofreció ayer los senadores y parlamentarios reunidos en el hemiciclo un discurso encaminado a promover la colaboración entre ambos países. Pero no eludió las referencias a los asuntos más espinosos de sus relaciones: la inmigración, el terrorismo y el conflicto del Sáhara, asunto en el que abogó por el acercamiento de posiciones en el tema de la antigua colonia española «para conseguir una solución consensuada, justa y definitiva, negociada por todas las partes en el marco de la legalidad internacional y de la ONU». Las palabras del monarca fueron calurosamente aplaudidas por los diputados y senadores marroquíes. El conflicto saharaui se encuentra estancado desde que Rabat rechazó el segundo plan de paz presentado por James Baker, el ex enviado especial de Kofi Annan en el Sáhara occidental, por considerar que ponía en tela de juicio la soberanía marroquí sobre el territorio. Marruecos sólo se muestra dispuesto a conceder una amplia autonomía bajo su control. Por su parte, el Polisario acepta la fórmula autonómica de la ONU, pero sin renunciar a la autodeterminación y la creación de un Estado independiente. El presidente de la República Árabe Saharaui, Mohamed Abdelaziz, en una carta enviada al Rey que se hizo pública ayer, pide al monarca que España utilice su influencia para obligar a Rabat a cambiar de posición y que se pronuncie a favor de un referéndum de autodeterminación. Cambio de posición Sobre este asunto, el presidente del PP de Cataluña y ex ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, acusó al Gobierno de modificar el posicionamiento de España sobre el conflicto del Sahara y de hacerlo de forma «un tanto subrepticia» y «en contra de la opinión de una gran mayoría de los españoles». Piqué criticó en declaraciones a la Cope que el Gobierno «no explique en el Parlamento» este supuesto alineamiento con las tesis de Francia respecto al conflicto y «no lo ponga a consideración del principal partido de la oposición». Según Piqué, las discrepancias entre Marruecos y el anterior Gobierno del PP tenían como clave la «enorme presión» que ejerció el reino alauí para que España «se acercara al posicionamiento francés» y abandonara el «histórico apoyo de todos los gobiernos españoles desde 1975 a los planes Baker». Inmigración ilegal Insistió también en el grave problema de la inmigración ilegal, exhortando a las autoridades marroquíes a combatir a las mafias de la inmigración. Más allá del control de las fronteras, que ya ha prometido reforzar Mohamed VI, don Juan Carlos reclamó en Rabat, ante el pleno de la Cámara de Representantes, campañas informativas destinadas a evitar que se expandan entre los jóvenes «ilusiones infundadas y engaños interesados». «Trabajemos juntos sin descanso -insistió- para acabar de una vez con esta tragedia humana». El jefe del Estado se refirió a la inmigración como un fenómeno con luces y sombras. Reconoció -con grandes aplausos- la contribución del colectivo marroquí al desarrollo económico y social de España. Pero también lanzó un mensaje preventivo de cara al proceso de regularización que se abrirá en España en las próximas semanas y defendió la protección a las inversiones españolas en territorio marroquí para evitar la emigración irregular. En su mención al terrorismo, el Rey dio un espaldarazo a la política exterior de Zapatero y, en concreto, a su visión de las relaciones con el mundo árabe. Don Juan Carlos agradeció al país magrebí su colaboración en lucha contra el islamismo radical e hizo suyo el llamamiento del presidente del Gobierno ante la Asamblea General de la ONU para trabajar por una alianza de civilizaciones que evita «que se eleve un muro de incomprensión entre Occidente y el mundo islámico».