Desoyendo el hartazgo de la ciudadanía que desaprueba la crispación, los partidos -y además la judicatura- siguen alimentando la tensión a cuenta de cualquier elemento: el último ha sido el nombramiento del nuevo ministro de Justicia, el ex fiscal Bermejo , en su día manifiestamente perseguido por el Gobierno de Aznar . Es ingenuo pensar que Zapatero iba a nombrar a un conservador, como en su día hubiera sorprendido que Aznar le confiara la cartera a un progresista. Pero a cuenta del nuevo ministro, o del magistrado recusado en el Tribunal Constitucional, o la huelga de hambre del etarra De Juana Chaos , o de lo que sea, la máquina de la crispación no cesa. Como decía el otro día Rosa, una granadina oyente de la Cadena Ser, «sería bueno que los políticos no dieran ese mal ejemplo de violencia verbal a la juventud, a la que se le recriminan actitudes violentas o vandálicas». Sensata opinión. En ese Madrid alterado desembarcan todos los días políticos de toda España tratando de encontrar una bolsa de oxígeno en la que contar lo suyo, que, en ocasiones, no está nada mal: que si el alcalde de Barcelona y el control de los okupas , que si el nuevo Patronato de Turismo de las Rías Baixas, que si la cuarta parte de la reducción del paro en España se ha producido en Galicia, etc. Como el ambiente político es tan espeso, se podría asimilar a Jordi Hereu , alcalde barcelonés; a Rafael Louzán, presidente de la Diputación de Pontevedra, o a Touriño, presidente de la Xunta, a una especie de buzos que bajan a las profundidades del Madrid de la crispación para depositar su carga informativa, dado que en la superficie la batalla se libra entre los grandes -políticos, jueces, mediático-agitadores y obispos-, sin espacio para nadie más. En el Madrid actual cada novedad se transforma en escándalo, cuando los escándalos están en otra parte; por ejemplo en Terra Mítica, donde la Policía Judicial ha descubierto -a buenas horas- que eran falsos los domicilios de las empresas tapadera de la trama para esquilmar al erario público a base de sobrecostes en las obras. En época, por cierto, de Eduardo Zaplana, que es un afamado denunciante de escándalos políticos en la capital de España. De lo anterior se deduce que la actividad política en Madrid podría distinguirse entre la que se da en la superficie, que es la que trasciende, y la de las bolsas de oxígeno. En una de esas bolsas, Rafael Louzán promovía el turismo en las Rías Baixas que, como en el resto, podrán ser mejor protegidas ahora gracias a la Ley de Medidas Urgentes aprobada por la Xunta hace pocos días. A Louzán hay que agradecerle sinceramente que concediera el micrófono en la cena a Manuel Fraga , en Madrid y no en Galicia, algo que no hace la dirección del partido que él mismo fundó. Cierto que don Manuel casi pincha ese día la burbuja de oxígeno refiriéndose a la superficie -«en este momento nos falla todo, hasta la Guardia Civil, y si no lo digo reviento», espetó-, pero también habló de Palomares y de los paradores de turismo, que de eso sabe más que nadie. En cualquier caso, a Fraga es mejor, y de justicia, dejarle hablar y no tenerlo deambulando, silenciado, por los innumerables ágapes del Madrid político. Alguien en Génova ha recomendado que, cuanto menos se le oiga, mejor, aunque el temible no sea él, sino alguno de sus herederos. En otra bolsa de oxígeno reunió hace dos días el presidente Touriño a los empresarios gallegos en Madrid, que son bastantes, aunque se exhiban menos que los gallegos en Barcelona. Ofreció datos esperanzadores para Galicia, sin negar en varias ocasiones el mérito de sus antecesores en la creación de esa bonanza. Algo así no se escucha, por ejemplo, en el Congreso de los Diputados desde hace años. «La internacionalización de la empresa gallega es más agresiva que la española y eso abona el sueño de formar parte de economías centrales», dijo, para resumirlo así: «Estamos en una economía de base sólida para afrontar el futuro con esperanza». El empresario y ex vicepresidente del Gobierno Villar Mir , allí presente, comentó a La Voz: «No se cómo dará Touriño en los mítines, pero es, sin duda, un gran administrador político». Para Xosé Luis Méndez , director General de Caixa Galicia, «las tasas de crecimiento en la comunidad reflejan la existencia de una clase empresarial audaz, valiente y emprendedora». Todavía, en conversación con este periódico, fue más rotundo: «Eso eleva nuestra autoestima y permite romper con la trasnochada creencia de la falta de iniciativa empresarial gallega». O con el viejo tópico, presente hasta en los chistes, de que el gallego a lo sumo, después de emigrar, montaba un bar para servir pulpo. Citroën respira Entretanto, parece que escampa el temor en PSA-Citroën, y en toda la industria auxiliar del automóvil, por la salida de Javier Riera . Nuevos encargos industriales lo desmienten. Pero apenas ha trascendido que Riera arrancó del ministro Montilla , antes de dejar el cargo, algo sumamente interesante: la creación de una figura nueva, las Agrupaciones Industriales Innovadoras, que vendría a ser una traducción al castellano y a la legislación española de la denominación anglosajona del clúster. Léase el BOE del 8 de agosto del 2006. Lo que allí pone en esta materia es fruto de la tenacidad de Riera negociando con el secretario general de Industria, Trullén , experto en distritos industriales.