El Gobierno vuelve a postular su reforma, hasta ahora imposible, y todos los grupos consultados por La Voz la creen necesaria, pero siguen sin ponerse de acuerdo
11 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, volvió a poner sobre la mesa esta semana la reforma constitucional del Senado. No dio un solo detalle. Su presidente, Javier Rojo, abogó por ella en su discurso de toma de posesión. Todos los grupos, como hace cuatro años, dicen que es necesaria, pero cada vez más ciudadanos, analistas y constitucionalistas consideran con fundamento que es irrelevante e incluso prescindible, pues no es la Cámara de representación territorial que mandata el artículo 69.1 de la Constitución.
Los portavoces de los grupos parlamentarios consultados por La Voz se muestran optimistas sobre la posibilidad de que en esta legislatura la reforma se lleve a la práctica de una vez por todas, aunque no aportan razones sólidas de qué ha cambiado para que ahora sí se haga. PSOE y el PP se siguen acusando mutuamente de que no están por la labor. La portavoz adjunta de los populares, Rosa Vindel, asegura que «la cuestión es tener voluntad y yo en los de enfrente no la veo». La socialista Carmela Silva cree que el PP debe cambiar su estrategia de crispación, y admite que la reforma del Senado es una «asignatura pendiente» de la democracia. «Llevamos demasiados años hablando de una reforma sin ser capaces de hacerla», reconoce. Vindel responde que «se habla mucho de Cámara territorial, pero nadie avanza más».
¿Cámara inútil?
Silva cree que la imagen del Senado como «Cámara inútil» es «excesivamente dura». «Se ha avanzado en su visión territorial, es la sede de la Conferencia de Presidentes, hay una comisión general de las autonomías que en la pasada legislatura tuvo más actividad que nunca, el presidente se somete a las sesiones de control, ha habido un debate sobre el estado de las autonomías y hay muchas leyes que se mejoran y ponencias sobre temas muy importantes», argumenta. Pero admite deficiencias: «Todos los temas que sean de carácter territorial deberían intentarse acordar en el Senado».
Vindel también defiende lo suyo y lógicamente niega que sea una Cámara irrelevante: «No estoy en absoluto de acuerdo, aquí se hace un trabajo extraordinario, se mejoran y mucho las leyes, se controla al Gobierno exactamente igual que en el Congreso y tenemos la Comisión General de Comunidades Autónomas, el único órgano constitucional en el que se reúnen el Gobierno de la nación con los autonómicos. A mí me parece un lujo». Cuando se le pregunta por qué no se debaten en el Senado temas como la guerra del agua o la financiación autonómica responde: «Debatamos que las leyes de especial incidencia autonómica vayan primero al Senado».
El portavoz de CiU, Jordi Vilajoana, también es optimista. En su opinión, el Senado debe avanzar en dos vías: «Convertirse en una Cámara de reflexión y serlo de primera lectura en las leyes que afectan a las comunidades autónomas, sin duda de los estatutos, pero también de otras, por ejemplo las que se aprueban en los Parlamentos autónomos». «Debería ser la Cámara territorial donde se reflejara el Estado plurinacional y plurilingüístico y no lo es lo suficiente», estima. «Es bueno que exista, pero hay que reformarlo, no es inútil, pero tiene menos utilidad de lo que debería», concluye.
La posición del BNG
El senador del BNG Xosé Manuel Pérez Bouza espera que «en esta legislatura se afronte de una vez por todas la reforma, aunque es un tema complejo que necesita consenso». «Nosotros apostamos por una reforma en profundidad, tanto de sus funciones como del sistema de elección de los senadores, que deberían ser elegidos en su totalidad por las comunidades autónomas», asegura.
También cree que los Estatutos y otras leyes que afectan a las autonomías y las que emanan de los Parlamentos autonómicos deben iniciarse en el Senado. Y ampliar de dos a cuatro meses el plazo para estudiar los proyectos de ley y que sea posible utilizar las cuatro lenguas oficiales de forma generalizada en la vida parlamentaria. Carmela Silva se muestra dispuesta a estudiar que esas lenguas se utilicen en los plenos, «aunque es complicado».