Mariano Rajoy se la juega en las elecciones vascas y gallegas, que podrían servir ?a Zapatero para eludir el pago de la factura política de la recesión económica
05 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Aunque tan solo han pasado diez meses desde las elecciones generales, el 2009 se presenta como un año decisivo y de alto voltaje político. El factor fundamental será una profunda crisis económica que disparará el paro de forma alarmante y absorberá gran parte del debate público. Serán las urnas las que dicten sentencia, aunque paradójicamente es probable que el Gobierno no pague la factura de la recesión. Las encuestas apuntan que Mariano Rajoy no está capitalizando como cabía esperar los funestos datos económicos, aunque algunas den la impresión de estar burdamente precocinadas para desgastarle y provocar su caída.
Lo cierto es que en el primer semestre e incluso puede que antes, tan pronto como el 1 de marzo, se juega su liderazgo en el PP. La coincidencia de dos elecciones autonómicas, en principio favorables a los socialistas, acentuará que sus resultados se lean en clave nacional. El político gallego puede, sin embargo, amortiguar los posibles daños si dos de sus hombres de máxima confianza, Alberto Núñez Feijoo y Antonio Basagoiti, aguantan. Al primero le bastaría con rozar la mayoría absoluta, aunque no la consiga, y al segundo igualar los escaños que obtuvo María San Gil en el 2005. Un fracaso tanto en Galicia como en el País Vasco proporcionaría armas muy poderosas, quizá letales, al sector crítico del PP y a los medios que apuestan por su defenestración. Si resiste, Rajoy tendrá en adelante un camino más sencillo de transitar, ya que la siguiente estación son las europeas, unos comicios que movilizan mucho menos al electorado y que suelen reflejar un voto de castigo al Gobierno de turno. Teniendo en cuenta, además, que la crisis estará en su apogeo, la victoria del PP no sería una sorpresa. La designación de Jaime Mayor Oreja como candidato se puede ver como una concesión a los duros, que perjudica su giro a la moderación y el centro. Pero la elección de Gallardón en su lugar habría tenido mayores costes para Rajoy, ya que habría supuesto una declaración de guerra a Esperanza Aguirre y, lo que es más importante, situar al alcalde en una posición privilegiada para sucederle si ganaba de forma arrolladora. En el campo contrario, Zapatero está en condiciones de conseguir lo que parecía imposible: salir indemne electoralmente de la crisis. El doble escenario de la reedición del bipartito gallego, con Emilio Pérez Touriño a la cabeza, y del triunfo de Patxi López en el País Vasco no es, ni mucho menos, una entelequia, como reflejan las encuestas. La jugada resultaría perfecta, ya que abriría el camino para establecer un pacto estable en el Congreso con el PNV y el BNG, que ya apoyaron los Presupuestos. Una probable derrota del PSOE, si no es por mucho, en las europeas sería más que asumible en estas condiciones.
Ocupar el espacio político
Zapatero comenzó negando la crisis en contra de toda evidencia, continuó diciendo que afectaría a España mucho menos que a otros países y no ha tenido más remedio que terminar por admitirla ante la tozudez de los hechos. Pero finalmente ha tenido reflejos para ocupar la escena política, anunciar personalmente todas las medidas que ha ido adoptando, aunque su eficacia sea más que discutible, y presentarse como valedor de los sectores más castigados ante lo que es ya una recesión en toda regla. Frente a esta estrategia, Rajoy no ha logrado hacer valer un discurso alternativo con la suficiente eficacia, según las estimaciones de los sondeos. Además, el presidente del Gobierno cuenta con ponerle de nuevo a la defensiva ante debates como los del aborto, la laicidad o la eutanasia.