Los sindicatos desconvocan la huelga en el sector ferroviario
Negociará durante la semana entrante para conseguir el apoyo de las formaciones minoritarias
02 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El debate sobre el estado de la nación no se puede convertir en una sesión parlamentaria que vuelva a poner en evidencia la soledad del Gobierno. Esa es la consigna que mueve a la dirección del Grupo Socialista en el Congreso tras haber sufrido su primera derrota en el hemiciclo el pasado martes. El portavoz de la formación en la Cámara baja, José Antonio Alonso, ha convocado para el martes a su núcleo duro para organizar una ofensiva de negociación con los grupos minoritarios que permita a José Luis Rodríguez Zapatero salir airoso de esta cita; una jornada en la que deberá hacer balance de su año más difícil al frente del Ejecutivo. La idea, según fuentes gubernamentales, es aprovechar la semana sin pleno para buscar con denuedo apoyos a una nueva iniciativa económica, que será votada como resolución, destinada a «contener la destrucción del empleo y anticipar la recuperación del crecimiento». El punto de partida resulta poco halagüeño. Los grupos parlamentarios llegan al debate, los días 12 y 13, molestos por el modo en que se dio a conocer la fecha de su celebración. No se enteraron, como suele ser habitual, por una llamada gubernamental ni por el protocolario comunicado que el Ministerio de la Presidencia debe remitir a las Cortes, sino por la prensa. Se trata de una cuestión anecdótica, pero el hecho de que la mayor parte de las formaciones con representación en la Cámara baja decidieran hacer casus belli y amenazaran con vetar el calendario previsto da una pista de cómo está el patio. Más economía Aun así, en la dirección socialista aseguran que hay margen para llegar a acuerdos, incluso con los más reticentes, como CiU. La aritmética no es sencilla. En lo que va de período de sesiones, desde que el PNV se convirtió en el grupo más fiero de la oposición, el PSOE ha tenido que tirar del ala izquierda de la Cámara para sacar adelante sus propuestas. La fórmula vale para iniciativas de contenido social, pero son muchos los dirigentes que en lo económico querrían contar con los nacionalistas, más próximos a sus posiciones. Y el deseo del Gobierno, según afirman fuentes cercanas a Presidencia, es aprovechar el debate sobre el estado de la nación para hacer política económica, echar mano, una vez más, del gasto público y sumar un nuevo proyecto al plan E (el nombre con el que Zapatero bautizó la suma de medidas que ya se han tomado para hacer frente a la crisis y que han comprometido más de 40.000 millones de euros). El inicio de las negociaciones con los grupos coincidirá con la celebración del Consejo de Ministros extraordinario del miércoles, en el que el Ejecutivo pretende revisar estas actuaciones. En principio, no está previsto que en esta atípica reunión se apruebe nada original. Más bien, según justifican en la Moncloa, se trata de evaluar si el trabajo realizado está siendo efectivo. Y se da por hecho, incluso, que habrá que corregir las líneas que están en marcha. No en el desarrollo del fondo estatal de inversión local que, a juicio del Ejecutivo, está funcionando muy bien a pesar de que de momento solo se hayan creado 57.000 nuevos empleos de los 300.000 vaticinados. Financiación autonómica En el debate sobre la remodelación del Gobierno le llovieron las críticas. Ni un solo grupo parlamentario aplaudió su gestión. De ahí, el esfuerzo del Ejecutivo por escenificar que está activo. El debate sobre el estado de la nación requerirá, sin embargo, algo más, porque en esta ocasión además de discusión habrá votación y si los portavoces quieren mostrar su descontento no solo lo harán con palabras, sino tumbando los textos que presente el PSOE. La baza en la que confían los socialistas es la de la financiación autonómica. Fuentes del Gobierno aseguran que el día 12 «ya no será un tema», es decir que aunque no se haya firmado un acuerdo estará prácticamente hecha, lo que allana el camino a pactos con las fuerzas catalanas. La esperanza está justificada en el caso de ERC e ICV, pero no con CiU, que jamás respaldará el acuerdo de financiación que suscriba la Generalitat. En la dirección del grupo admiten que hasta las elecciones catalanas del 2010 la formación nacionalista hará exhibición de su rol opositor, pero también subrayan que, a la chita callando, es la fuerza parlamentaria con la que más iniciativas se han compartido en lo que va de legislatura, a pesar de que fueron PNV y BNG las que salvaron los presupuestos de este año.