Frontera aparece en los mapas como el municipio más occidental de España. Se encuentra en la isla de El Hierro y su nombre ya no suena a desconocido, porque en uno de sus barrios más de cincuenta personas fueron evacuadas ante la posibilidad de desprendimientos por seísmos. «Viven en una zona de peñascos, sin apenas vegetación y el riesgo de que caigan rocas con terremotos es muy elevado, pero también con fuertes lluvias», explica Fani Betancor, una isleña que regenta un bloque de apartamentos situado a dos minutos en coche del lugar desalojado.
Betancor no tiene miedo. «Hay más alarma fuera que dentro de la isla», explica. Su vida no ha cambiado con los sucedido. Solo tuvo que anular varias reservas previstas para una época con pocos turistas, como la actual. Basilio Padrón disfruta sus 79 años y lleva casi toda su vida en El Hierro. Le gusta el dominó, y el martes jugó una partida con su vecino Andrés, que con sus cuatro hijos, fue desalojado. Ayer abrió su tienda de flores puntualmente y no sintió ningún temblor. José Ricardo Sánchez sí los notó. Trabaja en el restaurante El Guanche, en Tigaday, la localidad con más población de Frontera. Sirvió menos menús y vio menos gente por las calles del pueblo.
Desde Sabinosa se divisa el risco de Tibateje, la escarpada zona de la isla que amenaza las viviendas de los desalojados. María Padrón Pérez tiene 79 años y lo suyo son los fogones. Ya ha vivido otros episodios parecidos. «No es la primera vez que la tierra se mueve», afirma, pero se pregunta en voz alta : «¿Debo estarlo?».