Los recortes generan incertidumbres en un mes políticamente intenso
11 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.La pregunta es legítima, y la duda, corrosiva. Zapatero abrió la espita de los recortes, cosechando gran impopularidad, pero la espiral del paro siguió su camino. Rajoy aplica una durísima medicina y no parece que suceda nada nuevo, por el momento, en la curva ascendente del desempleo y descendente en ingresos del Estado y consumo popular. Se lo confesó a un buen amigo en Sevilla: «Lo más duro de todo esto es que no tienes la seguridad de que vaya a resultar eficaz». Nadie lo sabe. Nadie tiene la fórmula mágica para salir de la crisis. Todo es prueba-error, sobre todo error.
Crisis sostenida, drásticos recortes presupuestarios sin anestesia y reforma laboral con hachazos impensables hace tres años. La respuesta no deja de ser la clásica: huelga general convocada y agitación parlamentaria previsible. Los sindicatos, vienen a insinuar, no pueden hacer otra cosa. El Gobierno, declara, tampoco. La oposición, si no protesta, pierde su sitio. Todo el mundo hace su papel, pero la economía sigue su rumbo, no precisamente esperanzador. Con eso hay que convivir.
Poco ayuda el escenario político de este mes de marzo: elecciones en Andalucía a cara de perro, acaso las más sucias que se recuerdan. El viernes por la noche se abrió la campaña de los partidos y la jueza de los ERE prosiguió con la suya. Llevaba meses investigando al presunto delincuente al que la Junta de Andalucía encargó repartir millones como una cataplasma clientelar, pero esperó a meterlo en prisión a la hora en que se pegaban los primeros carteles. Observen los informativos de ayer y los periódicos de hoy: los titulares se los lleva el presunto delincuente con polémicas sobre su chófer, que si donde dijo cocaína y mujeres había solo tabaco y gin-tonics. Apenas una declaración de los líderes que optan a la presidencia de la Junta andaluza. Definitivamente, la campaña de la jueza tiene mas interés que la de los partidos.
El PP está a punto de mejorar el récord de acumulación de poder en la democracia española. Arenas está a un paso de la mayoría absoluta. Socialistas e Izquierda Unida le piden un debate en televisión, pero el popular se escurre como una anguila de las marismas. Rajoy se volcará con él. El socialista Griñán no sabe a quién pedir ayuda: Chaves se encargó él mismo de desprestigiarlo a base de filtrar informaciones comprometedoras. Zapatero aún esta convaleciente, y Rubalcaba, haciéndose con los mandos del PSOE. Izquierda Unida sueña con ser árbitro y decidir a quién hace presidente. Como Rosa Díez en Asturias. Todo apunta a que ni la suma de derechas ni la de izquierdas permitirá gobernar el Principado. Álvarez Cascos pide la disolución del CIS por haber pronosticado que lo que se disolvería era el poder del propio Cascos. Ocho meses habrían bastado para que los asturianos comprendieran que el regionalismo súbito del exvicepresidente puede no tener más recorrido que unas rondas de sidras.
El mes de marzo será muy intenso y con la incertidumbre de las tres consultas populares: la andaluza y la asturiana el 25 de marzo y las de la calle el 29, con la huelga general. Nada será igual en abril. El Gobierno conocerá la actual capacidad de convocatoria de los sindicatos. Volveremos a esa pregunta que corroe al presidente: ¿sirven todas estas medidas para algo? ¿De verdad valen para crear empleo o solo para despedir mas rápidamente y mas barato?
Con todo, cuando se observa las legiones de personas que en España emprenden y, por ejemplo, las obras de ingeniería admirables que nuestras empresas constructoras hacen en el mundo, la esperanza renace. ¿Servirán las medidas? Ojalá. Servirá desde luego ese admirable esfuerzo ciudadano por salir de la crisis.