El Racing sonrojó al Dépor

PAULO ALONSO Enviado especial RIBADEO.

FERROL

XAIME RAMALLAL

FÚTBOL / RACING El Racing derrotó al campéon de Liga. ¿Una casualidad? En parte sí, pero no sólo eso. El equipo ferrolano, muy ordenado en la primera mitad, fue superior al Deportivo, mucho más rodado a estas alturas de la pretemporada.

07 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La jornada de probaturas de los coruñeses se convirtieron así en una sesión de parches y remiendos. El ex-presidente Leopoldo Calvo Sotelo, invitado en el palco del Pepe Barrera, salió con más ánimo de hacerse socio del Racing que del campeón de Liga. Aunque las medidas del Pepe Barrera se antojaban cortas para llegar a portería con más facilidad, hubo que esperar a que se cumpliera el primer cuarto de hora para ver en acción al portero Aizkorreta, casi un espectador más en la primera parte. El trabajo de la medular del Racing volvía loco al Deportivo, sin ideas para hacer frente al dispositivo táctico de Luis César. El Dépor acababa entregando siempre el balón a las botas de los defensas ferrolanos, cuyos contragolpes desesperaban a una zaga despistada que dejaba todo el trabajo al buen hacer de Donato. El minuto 21 llevó a Schurrer a los vestuarios al ver su segunda tarjeta por una falta a Villa, quien, con agilidad, le había robado el balón. El empuje racinguista recogió su fruto cumplida la media hora, en un lanzamiento de falta de Alberto que, tras dar en la barrera, descolocó a Kouba convirtiéndose en el 0-1. Pandiani hizo la guerra por su cuenta rematando de cabeza (es el delantero más hábil a la hora de saltar), pero todo desaparecía por encima del larguero (a veces incluso fuera del campo). La reanudación presentó en escena dos estructuras antagónicas: el técnico racinguista apostó por un esquema más conservador, mientras que Irureta se apuntaba a la estrategia kamikaze de ubicar simultáneamente a cuatro delanteros: Pauleta, Changui, Iván Pérez y Bassir. Pero ni así, sólo un central, Helder, inquietó algo los dominios de Aizkorreta. Un remate al larguero del portugués fue el último argumento que necesitaba el Deportivo para convencerse de que no estaría de más reforzarse con un goleador de ciertas garantías. Si Helder hacía de delantero, en defensa dio origen al 0-2, gol marcado por Sueiro después de un buen despeje de Molina a un tiro de Abel Buades. Las ocasiones de gol sólo hacían aumentar la frustración de los deportivistas, impotentes ante el Racing, muy motivado. De mostrarse así en el futuro le aguarda un futuro de color de rosa en la categoría de plata.