Reportaje | El regidor de Vilarmaior trabajó durante doce años como chófer municipal De conducir «a ambulancia do Concello», como le llamaban los vecinos, a guiar el Ayuntamiento. Carlos Vázquez Quintián resta importancia a su trayectoria. «Sigo ao volante», dice
25 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?osé Benito Souto Lourido era uno de los alcaldes más veteranos de la comarca. Más de 48 años en la corporación local de Vilarmaior y cinco mandatos consecutivos con mayoría absoluta del PP avalan una trayectoria de la que él, por encima de todo, destacaba el coche de nueve plazas que había comprado el Ayuntamiento para llevar a los niños al colegio y a los enfermos al médico. Condujo ese coche durante más de diez años -«a ambulancia», le llamaban los vecinos- Carlos Vázquez Quintián. Era, además, la mano derecha de Benito Souto. Hoy se sienta en el sillón de la alcaldía. Está a punto de cumplir ya un año. «Pediumo a xente polo pueblo. E Benito tamén. E dixen ¿por que non?», ofrece Carlos como única explicación. A pesar de que, según cuenta, «xa sabía de que ía esto porque axudaba a Benito a diario», no se acostumbra a certas cousas. «O peor son os cartos. Aquí temos oitenta millóns de presuposto (480.000 euros) e non chegan a nada. Entre o gasoil para o coche, a luz e os dous colexios vaise case todo», explica. De despacho en despacho Confiesa que hay algo que le molesta por encima de todo. «Ir aos despachos a pedir cartos», reconoce, a la vez que señala una obra que se ejecuta actualmente frente al ayuntamiento. Es la de la ampliación de los talleres culturales. «Deume os cartos Cultura. Son menos de catro millóns de pesetas (24.000 euros) e non sabes o que tiven que pelexar», relata, para pasar a hablar del funcionamiento de su municipio, de 32 kilómetros cuadrados y con una población más o menos estable: «Somos 1.400, uns anos máis e outros menos». Los concejales -seis del PP (entre los que está Benito Souto), dos del BNG y uno del PSOE- se reúnen una vez cada tres meses en pleno. No hay comisiones ni juntas de portavoces. No hace falta. «Eu non me metín nas listas para facer política. O único que cambiou é que teño máis responsabilidades porque antes xa traballaba no Concello. É que aquí non se fala de política salvo dous ou tres días ó ano. Nos bares fálase de pesca, de caza ou de fútbol», cuenta Carlos. Porque nada de apellidos, Carlos es Carlos para todos los vecinos, como fue siempre. Menos para los ancianos, ésos que llevaba al médico desde sus casas a buscar recetas al centro de salud. Para ellos sigue siendo Carliños.