Antón, uno más en Espasante

FERROL

El cerdo que la comisión de fiestas compró a mediados de julio se ha convertido en el vecino más famoso de la villa ortegana

12 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

ESPASANTE | Antón es el descendiente de una longeva generación de cerdos que, señalados por el dedo de la fortuna, se convierten en la mascota de todo un pueblo, el de Espasante. Su final puede no ser mucho mejor que el de otros de su misma especie -la comisión de fiestas lo rifa el 6 de enero-, pero acabe o no en el horno, por lo menos puede presumir de haber vivido durante seis meses a cuerpo de auténtico rey.

Son las once y media de la mañana, y Antón todavía no ha salido de su cuadra, situada en el centro del pueblo y cedida por un vecino del lugar. Cuando Josefina Ojea, una de las integrantes de la comisión de fiestas de San Antonio, acude a despertarlo y abrirle la puerta, el animal no muestra excesivas ganas de darse un garbeo por Espasante. «Es muy tranquilo, muy bueniño. Y eso que hubo años que los tuvimos muy malos», recuerda.

Al final, Antón se anima, y se lanza a la carretera, sin importarle que varios coches pasen en ese momento por allí. «Los vehículos ya van con cuidado, con la cantidad de perros que hay por ahí sueltos», dice María José, que acompaña a Josefina.

Con sólo tres meses de vida, el marrano ya alcanza una altura considerable. Fue donado por un vecino del pueblo ortegano. «Normalmente es gente que está ofrecida a San Antonio», afirma Josefina.

De cerdo a cerdo

El cerdo camina con dificultad por el asfalto hasta que llega hasta una placita, y se encuentra a otro de su misma especie. En este caso, de piedra, el Ayuntamiento instaló este año una escultura en homenaje al animal de Espasante. Nada, como si se conociesen de toda la vida.

La comisión de fiestas deja total libertad a Antón para que se mueva a sus anchas por la villa. De hecho, por las noches se retira a la hora que él estima oportuno. No tiene toque de queda. «El otro día estuvo en el paseo marítimo jugando con los niños a las diez de la noche, cuando llegó a la cuadra, ya no podía más», dice Josefina.

La cuidadora del animal recuerda que, hace unos años, el cerdo desapareció durante días. La comisión ya lo daba por muerto: «Se había caído por un terraplén al mar, pero estaba vivo. Dicen que fue San Antonio que lo salvó».

Hace décadas, el animal se alimentaba de lo que le daba la gente por las casas. Ahora, es la comisión la que se encarga de su alimentación y mantenimiento. «Le damos pienso, pan, mondas de patatas...», señala Josefina.

La expectación que Antón crea entre los foráneos provoca que sean muchos los turistas que van a Espasante ex professo para verle. A otros la tradición les pilla por sorpresa. «¿Tú sabes por qué hay un cerdo suelto por la calle?», pregunta un paseante. Mientras, el animal se tumba a la bartola ajeno a lo que le rodea.