Endesa, Telefónica, Tabacalera, Gas Natural, Autopistas, Argentaria, Repsol, Red Eléctrica... así hasta más de sesenta empresas -casi nada, el 6,7% del PIB de la época, suficiente para afrontar el gasto de toda la sanidad estatal- fueron privatizadas por el PP de José María Aznar entre 1997 y 2004, con Montoro en Economía. Para evitar tentaciones, no confundir con las de González de la etapa precedente: de estas, menos, se vendieron acciones con la cautela de dejar su control en manos del Estado. Aclarado. Que no cunda el pánico: entregar empresas públicas al negocio privado forma parte del ADN de la derecha española, de su núcleo duro ideológico. Fruto de su dedicación a la tarea, ya va quedando menos patrimonio de todos, pero, piensa el PP, si se mira bien en los cajones siempre se puede rebañar algo. Veamos. Hummm. Aquí quedan Loterías, Aena, Paradores, ah!, Paradores; recurramos al método, hagamos dos grupos, en el primero los rentables, para el sector privado, en el segundo los deficitarios, ya decidiremos que hacemos con ellos además de un ERE ¿Qué cómo se presenta a la sociedad que tanto nos quiere y nos vota? Sencillo: en aquellas localidades que tengan un parador deficitario, que el alcalde de turno saque pecho -o testuz de toro bravo, que viste mucho- y con aguerrido y viril plañido se haga la foto de rigor ¿En Ferrol, dice? Pero, hombre de Dios, ahí ya están entrenados; el Ayuntamiento lo ha hecho de cine con el tema ese, qué era, ah, sí, un dique flotante o algo así. Pues que repitan la operación.