Viento

Beatriz García Couce
Beatriz Couce EN LA GRADA

FERROL

23 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Recuerdo las instalaciones de la fábrica de Turbinas de Navantia Ferrol repletas de aerogeneradores. Y las de Eymosa-Ventogal llenas de góndolas, las de LM Composites y Gamesa con sus explanadas repletas de palas y las carreteras de la comarca frecuentemente transitadas por enormes transportes especiales llevando los componentes eólicos a sus destinos. Ahora, de la industria del viento en la comarca quedan fábricas cerradas, empresas en ERE y centenares de puestos de trabajo perdidos. Como el naval, el sector tiene un efecto multiplicador sobre el empleo y la economía, ya que implica a actividades tan dispares como la producción del hormigón necesario para asentar el molinillo, la fabricación de componentes y la maquinaria pesada para su colocación en los parques.

Molinillos fabricados en la comarca giran actualmente en puntos tan lejanos del planeta como China, Etiopía y Estados Unidos. Pero aquí ya no se mueve una aspa y el repliegue de las multinacionales que en otros tiempos generaron cientos de puestos de trabajo cualificados es una dramática tendencia que parece no tener fin.

Como a todos los sectores, al eólico le ha afectado la crisis. Pero mucho más la cortedad de miras de quienes gobiernan la cosa pública, los bailes regulatorios y el parón en la adjudicación de megavatios. Galicia fue pionera en este mercado, pero el vendaval que estaba llamado a enriquecer su economía y a generar una industria de alto valor añadido ha acabado por llevársela por delante.