Los bancos

José Varela FAÍSCAS

FERROL

17 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Ferrol como complejo naval, castrense y civil nació de una necesidad militar del Reino de España, pero su concreción urbanística fue fruto de la supremacía de la razón, del respeto a la lógica, de la libertad de pensamiento del laicismo. Es algo sabido. Como lo es que la forma más taimada y jesuítica de reventar su origen, de traicionarlo deliberadamente, es, precisamente, sacralizarlo, momificarlo, fosilizarlo, cosificarlo: convertir en cadáver algo que todavía palpita y que es germen de futuro: el respeto a la ciencia, el positivismo, el valor de la razón. Porque el futuro no es incompatible con la historia, sí lo es con una concepción de ella: la más ignorante. Véase cómo un alcalde compostelano, Xerardo Estévez, fue capaz de conjugar la monumentalidad de Santiago con obras de Álvaro Siza, Heyuk, Grasse, César Portela, García-Abril, Julio Cano, Albert Viaplana, Helio Piñón, Arata Isozaki, casi Foster? hasta Fraga se atrevió con Eisenmann (Fraga era mandón, no iletrado) ¿Alguien con sentido común y una elemental formación podría sostener que esas aportaciones contemporáneas agreden la rosa de piedra, la sinfonía de granito, el orgullo de Galicia que es la capital autonómica? ¿Más? ¿Duvronik?, ¿Florencia?, ¿Praga?, ¿Roma?, ¿Edimburgo...? Pues aquí, en la ciudad de Ferrol, hay gente importante que sí, y pasa las mañanas en la casa consistorial pagada por el erario: creen que unos bancos de diseño rectilíneo no encajan en el urbanismo del barrio de la Magdalena y por eso los cambian. Claro que la incompetencia es muy testaruda.