Visitar Caaveiro, Monfero, O Couto y Montefaro es fascinante siempre
30 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.A estas alturas del año, cuando el verano entra por la puerta y uno puede disponer con mayor libertad de al menos una parte de su tiempo, quizás sea una buena idea dedicar algunos días a esa maravillosa -y muy barata- forma del turismo que es viajar hacia dentro. Viajar hacia el interior de uno mismo, vaya. Cosa que no pasa necesariamente por quedarse tumbado en el sofá con un libro entre las manos, ni por dedicarse a meditar en silencio durante horas enteras. Sino también, por ejemplo, por ir a visitar lo que casi nunca vemos... a fuerza de tenerlo tan cerca como lo que tenemos. Una excelente posibilidad, si admiten ustedes el consejo, es visitar los grandes monasterios de la comarca.
(Bueno, los que han llegado hasta nosotros, porque el de San Salvador de Pedroso, que sin duda debió de ser magnífico, desapareció por completo; tal y como sucedió, sin ir más lejos, y en este caso dentro de la ciudad de Ferrol, con el convento de los Padres Franciscanos).
Turismo cultural
Hay cuatro enclaves, de hecho, magníficos todos ellos, a los que siempre vale la pena volver, por más que uno pueda ya conocerlos. De los que hay que decir, además, que lejos de caer en el olvido, afortunadamente atraen cada año más visitantes llegados de otros lugares del país. Y no solo del país, por cierto. Se trata de los monasterios de San Xoán de Caaveiro, Santa María de Monfero, Santa Catalina de Montefaro y San Martiño do Couto. Cuatro verdaderos tesoros de la arquitectura monástica que bien merecerían, cuando menos, que se les dedicase una ruta invitando a que los visiten quienes no los conozcan aún o quienes quieran conocerlos más profundamente. Pero, si les parece, mientras no se les dedica esa ruta, iremos nosotros haciendo la nuestra, particularmente: una ruta casi secreta.
Caaveiro está situado en pleno corazón -no diremos que geográfico, pero sí espiritual- de las Fraga del Eume, el bosque atlántico mejor conservado de Europa. Y vale la pena ir hasta aquel lugar maravilloso a escuchar el canto de los pájaros y también el silencio, como sin duda hacía en su tiempo, cuando se retiraba allí a meditar, el venerable San Rosendo. Tampoco falta el silencio en el monumental monasterio de Monfero, que poseyó una impagable biblioteca y en cuya iglesia yacen algunos de los más bravos caballeros de la Galicia medieval. También en O Couto, que recibió la visita del Padre Sarmiento, duerme su eterno sueño algún caballero de piedra. Y en Santa Catalina de Montefaro queda el recuerdo de quienes, aun dedicando la vida a la oración, tenían su propia pieza de artillería por si veían piratas en el mar, a lo lejos. Siempre se encuentran, en estos monasterios, a Dios gracias, cosas nuevas.