Asegura que para triunfar en este mundo hay que sacrificarse, estudiar y estar en plena forma
20 oct 2014 . Actualizado a las 05:00 h.Juan Díaz Vidal preside desde hace tres años el Colegio Ferrolano de Árbitros de Fútbol. Fue árbitro durante más de 30 años, desde 1981 hasta el 2012 y ahora sigue dedicándole horas como dirigente y también como informador, lo que le obliga a desplazarse y meterse entre pecho y espalda cientos kilómetros y perderse muchos fines de semana con su familia. Es militar, su profesión, aunque su afición siempre ha sido el arbitraje, un mundo que califica como una gran familia.
-¿Cómo llegó al arbitraje?
-Fue en 1981, recuerdo que el Colegio Ferrolano de Árbitros todavía estaba en la plaza de España. Me apunté con un amigo, José Antonio Cachaza, probamos y nos gustó. En aquella época casi todos los árbitros eran gente mayor, muchos trabajadores de Bazán, ahora Navantia, aunque también había algunos jóvenes, entre ellos, Evaristo Puentes Leira, que fue árbitro de Primera División. En los primeros años lo aprendimos todo acompañando a los veteranos.
-¿Era más complicado dirigir partidos en aquella primera etapa?
-Cuando yo empecé los árbitros de Ferrol íbamos a dirigir partidos hasta Ribadeo. Pitar en Xove o Foz ya significaba estar todo el día fuera de casa, no eran las carreteras de ahora. Siempre ibas con líneas, generalmente gente mayor, y te sentías respaldado. El ambiente en muchos campos es verdad que era difícil.
-¿Llegó a pasar miedo?
-Miedo no, tan solo una vez con Prieto Bolaños salí escoltado por un coche de la policía y está claro que te preocupas. Yo, siempre que tenía que dirigir un partido, iba con mucho respeto y está claro que sufres tensión, aunque desaparece cuando empieza el encuentro.
-Ahora preside el Colegio Ferrolano de Árbitros de Fútbol. ¿Ha cambiado mucho la formación de los árbitros jóvenes?
-El salto en la calidad de preparación fue grandísimo. Antes los árbitros veteranos explicaban las cosas, solucionaban las dudas. Ahora el que quiere ser árbitro tiene que estudiar, hacer un curso, examinarse y superarlo. Antes era todo teórico, ahora se hacen prácticas y los niños cuando empiezan a pitar ya tienen un cierto bagaje, no están perdidos como podía pasar antes cuando empezaban.
-¿Qué cualidades debe de tener un árbitro?
-Es un trabajo continuo y diario. El que quiere llegar a algo, como en cualquier otra actividad, tiene que trabajar muy duro. No solo estudiar, dominar la técnica sino que hay que cuidarse, ya que físicamente hay que estar muy bien.
-¿Es bueno que los árbitros hayan sido futbolistas?
-Ahora mismo, la mayor parte de los niños que quieren ser árbitros, antes han sido futbolistas. Creo que está muy bien.
-¿Cuál es la edad idónea para empezar en el arbitraje?
-En el primer curso de árbitros que organizamos al llegar yo al colegio, se metieron niños que tenían doce años. Creo que es una buena edad para empezar. De hecho, en el último curso de árbitros pusimos un mínimo de 12 años y un máximo de 29. Por arriba lo acotamos en 29 porque es la edad límite para poder hacer algo. Si dejamos entrar a alguien de 35 años, como máximo podía pitar hasta los 45, no tendría mucho sentido, sería imposible que pudiera llegar a categorías superiores. Los cursos de iniciación los enfocamos a la juventud.
-¿En la formación de los niños colabora mucha gente?
-Toda la gente que puede, ya que cada uno tiene sus ocupaciones laborales. Javier Iglesias Villanueva es el director técnico de los cursillos. Después hay otro grupo de árbitros que se encargan de dar las clases y estar cerca de los niños. Ignacio Iglesias, que dirige partidos en Primera División, es la imagen para todos los que empiezan y nos ayuda en todo lo que puede. Yo siempre quiere que Ignacio sea quien empiece o acabe las clases del cursillo. Quiero que vean que ese árbitro que ven en la tele es accesible, está aquí en Ferrol y que le puedan preguntar lo que quieran porque es un compañero más.
-¿El arbitraje es una profesión?
-No. Para la mayoría tan solo es una afición. Solo puedes vivir del arbitraje si estás en la élite. Sin embargo, si tienes doce o catorce años y te haces cien o doscientos euros a la semana, pues no está nada mal.