Hacia el odio

Nona I. Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

27 nov 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando escucho los discursos de algunos políticos se me despierta un sentimiento que me resulta difícil de explicar. Es una mezcla de pena e inquietud. No pienso que los debates políticos deben ser siempre escrupulosamente correctos. En los parlamentos los hay duros y subidos de tono. Pero en España hace tiempo que hemos traspasado la línea roja de lo tolerable. Con el gesto, el tono y las palabras, cuando se escupen sobre el otro con la potencial agresividad de un arma blanca, que no por ser blanca deja de ser arma.

Y cuando el drama de la violencia sobre la mujer -pongo este ejemplo porque es muy pertinente- avanza al galope en la sociedad, no veo qué credibilidad pueden tener las denuncias de y la lucha contra esta terrible lacra -que se inicia en infinidad de ocasiones como violencia verbal y gestual- de quienes, hombres y mujeres, desde su privilegiado y mediático escenario, convierten algunos de sus discursos en incendiarias proclamas, que podrían ser calificadas como incitación al odio, de no ser por la impunidad con la que se mueven en sus escaños o en algunos platós de televisión, porque usan el humor o la libertad de expresión como paraguas que ampara la tolerancia con la agresividad verbal, aunque saben que lo que hacen o dicen desde esos púlpitos suele convertirse en modelo

Como no habrá bitácora en unas semanas, hoy quiero pedirles que en el 40 aniversario de nuestra Constitución -se celebra el próximo día 6 de diciembre- repitan mil veces la palabra concordia. Así se le llamó y desde la concordia se elaboró como exigencia de un pueblo que apostó por la reconciliación.