Velocidad

José Varela FAÍSCAS

FERROL

02 feb 2022 . Actualizado a las 18:05 h.

No me incumbe la estrategia (?) que artillen las organizaciones de comerciantes para defender sus intereses, aun cuando consista en tirar piedras sobre sus cajas registradoras. Con una salvedad: cuando afectan a mis derechos como vecino de esta ciudad, entre los que cuento la aspiración a que la población sea cada día más acogedora, más amable y menos áspera, esto es que vaya incorporando a sus normas de convivencia aquellos principios ya felizmente experimentados en otros lugares, y que atienden las necesidades de la mayoría de los vecinos. Y pretender elevar de nuevo el límite de la velocidad de circulación rodada en las calles en las que ya se ha reducido forma parte de esa estrategia que impugno. Porque creo ver en su procedimiento lobista de presión al Ayuntamiento un cierto tono patrimonialista de la ciudad, quien sabe si contagiados de la soberbia expresión ‘la calle es mía’ atribuida al fundador del partido que los azuza. Pero una ciudad, afortunadamente, es algo más rico y complejo que un centro comercial. Este aburrido déjà vu al que nos convoca la derecha cada vez que la sociedad da un paso hacia adelante, y algo tan sencillo como limitar la velocidad de circulación en las vías urbanas lo es, no cesa. No lo hará a pesar de sus resultados positivos y saludables, como la peatonalización de las calles, como la extensión de la asistencia social, como la subida del salario mínimo, para qué seguir. Recuerdo que el exalcalde compostelano Xerardo Estévez fue quemado públicamente, dicho sea figuradamente, por pirómanos que ahora se llenan los bolsillos en virtud de las medidas que él adoptó. Pero así se escribe la historia. Aquí también, claro.