Diego Rico es uno de los fundadores de la oenegé Briegal. Ya viajó para ayudar en Turquía y ahora está en Libia, en una experiencia que está siendo más dura, pero que no ha mermado ni sus fuerzas, ni sus ganas de ayudar. «Dende o primeiro día traballamos de nove a nove da noite e durmimos entre pupitres, en colexios... Estamos ben, pero a comida foi chegando a pouco inda que eso non importa porque trouxemos víveres de supervencia», cuenta al término de una de las últimas jornadas de rescates.
No esconde su frustración por no haber podido rescatar a nadie con vida, pero casi no ha habido supervivientes. Le queda el viaje de vuelta; el de llegada fue complicado: «Fixemos 300 kilómetros por carretera dende o aeroporto a 150 por hora, ademáis viñan conducindo unhos rapaces novos e puido pasar de todo, a ver se na volta vai mellor».