«Me arriesgué, le dije que no se moviese y la policía llegó rápido, en cuatro minutos había dos coches de la local»
FERROL
El pasado lunes por la noche Álex Martínez Méndez aparcó en su calle, bajó a los perros que traía de una visita al veterinario y cuando regresó se percató de que no estaba solo en el coche: «Volví a buscar los trasportines del maletero y de repente me di cuenta de que estaba alguien sentado en el asiento del copiloto rebuscando en la guantera», detalla este vecino de Canido que se armó de valor para retener al intruso. «Le ordené que se bajase del coche inmediatamente y que se apoyase contra la pared; la verdad me arriesgué, porque le dije que no se moviese hasta que llegase la policía —detalla—. Y así fue, pero la policía llegó rapidísimo: en cuatro minutos ya había dos coches de patrulla de la local, una maravilla la verdad», rememora.
Otros residentes del barrio no han tenido tanta suerte y se encontraron por la mañana con cerraduras forzadas o cristales rotos en sus coches o viviendas. «Yo nunca había tenido la necesidad de buscar un garaje en Canido, pero tal y como se están poniendo las cosas ya estoy en ello», precisa otro de los vecinos de un barrio, donde los ataques a los coches aparcados comenzaron hace meses. En especial, los fines de semana, cuando hay múltiples destrozos en los vehículos de la calle Alegre.