Es día 8. Y el ruido y la imagen de un feminismo partido por la radicalidad me entristece. Por eso apago la radio y la televisión y me protejo con unos cascos para escuchar «Bilitis», sinfonía que siempre me produce la sensación de que, incluso en situaciones emocionalmente complicadas, la paz interior es posible… Y con esa paz quiero expresar mi reconocimiento y mi amoroso recuerdo a las maestras, así en femenino plural, que allá por la mitad del siglo pasado fueron capaces de superar barreras de género apostando por unos estudios, los de Magisterio, a los que tuvieron acceso, gracias a aquella Escuela de Magisterio creada por las MM Mercedarias, que hizo posible que centenares de mujeres, de esta comarca y esta ciudad, estudiasen y ejerciesen su magisterio. Las recuerdo en el Día de la Mujer como referentes del esfuerzo para formarse académicamente y ejercer su profesión en un mundo en el que un altísimo porcentaje de ellas tenía que abandonar los estudios para dedicarse a formar y cuidar de la familia. Aquellas mujeres fueron pioneras de un feminismo cuyas raíces se alimentaban en su deseo y el de su familia de tener acceso a una educación y una profesión en igualdad de oportunidades. Vivian en un mundo que daba por sentado que la mujer estaba destinada, casi en exclusiva, a las tareas del hogar. Y quiero reivindicar el recuerdo de aquella olvidada Escuela de Magisterio, cuya singularidad y el esfuerzo de sus promotoras por mantenerla merecería un reconocimiento. Esa institución ofreció oportunidades a toda una generación de romper un techo y llenar nuestras escuelas de maestras que quizá no podrían serlo si no existiese.