Un grabador de olores agradables

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

CEDEIRA

Oscar Vázquez

03 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Huelo unas carrilleras de ternera en plena preparación y, sin necesidad de probarlas, me convierto en Marcel Proust con las magdalenas. Enseguida pienso en lo maravilloso que sería un grabador de olores. Con lo que hemos mejorado en las cocinas, que hoy son una fiesta, un grabador de olores sería la revolución. Echarte en una sofá y ponerlo en marcha. Olores de las comidas de tu abuela, cuando preparaba el pollo en pepitoria, que era una fiesta para ti, o el bacalao al pil pil, que era una celebración para tus hermanos. Olores de hoy. Una mahonesa preparada a mano, nada de botes de marcas de mahonesa. Olerla y que se te haga la boca agua. También sería genial un grabador de sabores. Que se pudiesen emitir los olores y los sabores. Se rompería el mercado. Como cuando te pones el vinilo de Paco Ibáñez, a galopar, a galopar, que escuchaba tu hermano mayor en su juventud. La nostalgia siempre es un negocio. Volvamos al grabador de olores. Se imaginan tener grabado el olor del rape con guisantes y patatas de Cedeira, una villa fabulosa de Galicia. Tan fabulosa que parece Macondo. Ese rape es increíble. O si nos ponemos estupendos los percebes de la misma Cedeira, como puños. Ese olor y sabor a mar que nos trae a la cabeza sabores que te derriten, cuando piensas en ellos.

Proust empezó por una magdalena y nos colocó tomos y tomos de escritura. No me extraña. Es que los recuerdos muchas veces son olores y sabores. Aquellos bocatas de nocilla que tenían más nocilla que pan. O ver a tu hermano, el mediano, hacer un agujero en la leche condensada y tomársela con la boca abierta como quien bebe de una bota de vino. Tremendo. El olor contundente del mejor plato del mundo. Huevos fritos con patatas y chorizo. Si el olor te deshace, poder recuperar el sabor de los que te hacía tu madre a toda velocidad de noche sería espectacular. Sí, de noche. Entonces, de chaval, podías tomar huevos fritos con chorizo de noche y luego dormías como si nada. Hoy te explotaría el estómago como si te hubieses tragado una granada. Cuenta una leyenda urbana que Julio Iglesias fue a un restaurante importante a comer. El cocinero pensó: nos forramos. Y Julio Iglesias no demandó percebes. Pidió de primero huevos fritos con chorizo. Le habían dicho que allí eran muy buenos. Cuando le preguntaron por el segundo, el cantante contestó: otros huevos fritos con chorizo. Ese grabador de olores y de sabores triunfaría. Ya funciona de alguna manera en nuestra cabeza cuando cerramos los ojos. Pero sería fabuloso tenerlos grabados, seleccionar y darle al play para pasar una tarde increíble con la felicidad del olfato y del gusto. Busco en internet. Y me lo temo. Resulta que los japoneses, cómo no, ya trabajan en un grabador de olores. Tenían que ser ellos. Dicen que puede grabar la esencia de un olor o de un aroma y reproducirlo. Impresionante. Volvería con el aparato al pasado y ni comidas ni sabores, me iría directo a grabar el olor de mi madre cuando la besaba o de los huesos de santo de mi padre cuando lo abrazaba. Lo que pagaría por eso, ahora que cada vez se me olvida más hasta algo tan esencial como sus voces.