«Non chamamos ata que estivemos a salvo»

Benigno lázare LUGO/ LA VOZ

FIRMAS

Para Antonio Prado y María del Mar Paz Carballeira, pareja lucense de Cospeito, la aventura del crucero Costa Concordia remató ayer a las siete de la tarde, hora a la que llegaron a su casa de Seixas, donde los esperaba toda la familia. El fin de semana anterior habían celebrado las bodas de plata matrimoniales y sus hijos y allegados los sorprendieron con regalos y con un crucero en uno de los barcos más modernos que surcan el Mediterráneo. Además de inolvidables, de estas vacaciones el marido sacó en conclusión que «nin na auga nin no aire, o meu sitio está na terra».

Además de corroborar las escenas de pánico contadas por otros muchos pasajeros, Antonio relató la actuación del matrimonio, que no se dejó llevar por la histeria colectiva. «Estivemos dende as nove e cuarto ata as once e media esperando a que nos sacaran do barco, e deunos tempo a pensar en todo; por suposto que pensamos que iamos morrer, pero non chamamos á familia ata que estivemos a salvo en terra».

Cuando ocurrió el accidente estaban en el comedor, en la planta tercera, y comenzaron a subir a la octava, la última, como hacían casi todos los pasajeros. Sin embargo, sabían que los botes salvavidas estaban en la planta cuarta, por lo que optaron por ir allí y hacerlo sin utilizar los ascensores porque la electricidad estaba fallando constantemente. Además de evitar el tumulto que se formó en la zona de arriba, estaban preparados y pudieron salir en una de las primeras embarcaciones auxiliares. «Todo o mundo estaba a salvarse no medio dun caos e a sorte foi que non nos xuntamos todos diante dos botes salvavidas, porque se mataría a xente entre si», dice.

Dinero y joyas

A medida que se iba inclinando el barco caía el agua de las piscinas de la parte alta y fallaba la luz. «Oíanse berros por todas partes e foi o momento de caos total», recuerda.

Ellos tenían los chalecos salvavidas en el camarote, al que ya no intentaron ir. Aparte de la ropa de calle y de ceremonia que guardaban, dejaron en la caja fuerte dinero y joyas por valor de más de 2.500 euros. «Ademais do diñeiro en efectivo e de outros obxectos, quedaron as xoias que lle regalaran á miña muller o día da celebración das vodas de prata», señala el marido.

«Cando chegamos a terra, que estaba a uns vinte metros, o primeiro que fixemos foi chamar por teléfono aos fillos para que, si lles chegaba a noticia, que non pensasen no peor».

El regreso fue en avión desde Roma hasta Alvedro, vía Barajas. En A Coruña los estaba esperando uno de sus dos hijos y en la casa de Seixas los recibieron más de una docena de parientes.

antonio y mar vecinos de cospeito

Los once náufragos gallegos -cinco ourensanos, tres coruñeses, dos lucenses y un pontevedrés- comenzaron ayer a regresar a casa, entre lágrimas, tras la dramática experiencia e indignados porque «nada funcionó» durante la evacuación. La mayoría lo hizo en avión con destino a Vigo, Santiago y A Coruña, después de llegar a Madrid desde Roma con el resto de los españoles. Solo el matrimonio de San Cristovo de Cea y su hija optaron por desplazarse en tren. Y la coruñesa Sabela Lameiro tomó rumbo a su residencia en Gijón.