¿Hacia una nueva teocracia?

Leoncio González

FIRMAS

22 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

La victoria apabullante de los islamistas en Egipto añade voltaje a la controversia que lleva abierta algún tiempo sobre el significado último de la revolución que estalló el miércoles hará un año. ¿No da la razón a los que sostienen que, tras la primavera de ilusión, ha llegado el invierno del rigor? ¿No pulveriza el espíritu de la plaza Tahrir y lo encierra en el baúl de espejismos de la historia?

En parte, así es. La revuelta que acabó con Mubarak fue en sus orígenes un movimiento secular, encabezado por jóvenes inconformistas que lograron hacer pasar a segundo plano las diferencias religiosas entre egipcios y aglutinarlos ante la meta común de derribar al tirano. Para quienes dedujeron de ello el nacimiento de un modelo cortado por los patrones de Occidente, el resultado electoral supone un jarro de agua fría: pone en peligro la separación entre religión y Estado, hace temer restricciones a la libertad de culto de la minoría cristiana, y proyecta la amenaza de imposiciones arcaicas para someter la vida pública a la sharia, especialmente lesivas para las mujeres.

Sin embargo, no se le puede reprochar que contravenga las reglas democráticas. Igual que ocurrió en Túnez hace semanas, el éxito de los islamistas refleja bastante bien las opiniones y sentimientos que hoy alberga la mayoría. Legitimados por el alto precio humano que pagaron por su oposición al faraón, pusieron en pie el único estado de bienestar que conocieron muchos egipcios necesitados. Por otro lado, demostraron ser bastante más pragmáticos que lo que cabía esperar del retrato fundamentalista que se hizo de ellos y no cometieron errores importantes durante la transición. Sus adversarios liberales, mientras tanto, se dejaron cegar por la confusión entre atención mediática y arraigo social, y dividieron las fuerzas en una sopa de siglas que hizo desconfiar a los electores de su solvencia.

¿Qué ocurrirá ahora? ¿Están en lo cierto los avisos de que Egipto se dirige hacia una teocracia como la de Irán o la de Arabia Saudí? Evidentemente no se puede descartar del todo, pero hay varios factores que lo hacen improbable. Los Hermanos Musulmanes no tienen un líder totalitario como Jomeini, están más constreñidos por el Ejército de lo que se cree y, de momento, influyen más los que piensan en su interior que el futuro está en casar Islam y democracia. Eso no evitará las tentaciones ni los conflictos, pero debería impedir que El Cairo se convierta en una copia de Teherán o Riad.