Don Abel ha vuelto sonriente de Sevilla, donde la señora Chacón ha perdido su silla a pesar de llamarse Carme en una tierra donde toda aquella que se precie se llama Carmen de España, como la de don Próspero. ¿Quiere que se lo cante, por si olvidó o no llegó a ver las películas del inolvidable productor vigués Cesáreo González?
El alcalde observa a un pequeño grupo de taxistas a la puerta del Concello, a quienes acompañan un anciano con un móvil antediluviano y una cría con ordenata portátil. Lo que escucha el espía disfrazado a unos y otros no es precisamente alentador. La mayoría está en contra del recorte horario, que generaría más paro: 2011 fue el peor año para los autónomos, con 115.400 activos menos, con el efecto inducido de otros miles de asalariados en la calle. El enviado de Caballero oye un testimonio conmovedor, y no es otro que el de un profesional separado de su esposa, no obstante lo cual tienen su vehículo en gananciales; ¿cómo obtener rentabilidad ambos con las 16 horas de jornada, en lugar de las 24 actuales?
Una mujer taxista termina por convertir el asunto en un caso de género y esgrime el artículo primero de la reciente ley número 17/2001 de Mozambique, de este tenor: «Todo homem é un rei em seu lar e seus desejos sâo uma ordem». Y como la Consistorial es la casa del pueblo, la casa de todos? Que le pregunten, si no, a Laura López Atrio, que se ha ido con Caballero, pero don Gonzalo, y parece muy feliz en su nuevo estado.
Con problemas así quieren conciliar Caballero y los suyos cuando no han aplicado igual regla para el cierre del Museo Liste o de tantas instituciones culturales más.
Cuando por otra parte no hay constancia de que BNG y Partido Popular coincidan un ápice con lo que postulan los socialistas, que en ocasiones no concilian ni con la familia; piénsese, por ejemplo, en el caso de Gonzalo Caballero.
A este oficial y caballero que tenemos en los carteles como si fuera un torero -todavía está ahí el reclamo Alcaldía, ¡a pesar de las recriminaciones!- le ha gustado que el Congreso de su partido tuviera por vencedor a Rubalcaba, que le hará falta el socorro de Santa Rita para ser proclamado candidato a la presidencia del Gobierno, pero a don Abel le agradaría mas una mandona como la catalana («Capitán, ¡mande firmes!») y que los del 092 obligaran por decreto a los taxistas a conciliarse, incluso contra su voluntad. Aunque al alcalde le queda la duda de si acertó al creer que el edil Font-ecelta le iba a echar agua al vino de este conflicto y todo hace pensar que lo ha agriado aún más.