Para Teresa Portela, disputar unos Juegos Olímpicos ha pasado de ser un sueño a convertirse en una cita habitual que se repite cada cuatro años. Debutó en Sidney 2000 con solo 18 años y ahora, a punto de cumplir los 30, se prepara para la que sería su cuarta participación en busca del único objetivo que le queda por cumplir: colgarse al cuello una medalla olímpica.
La carrera como kayakista de Teresa comenzó en el Club de Mar de Aldán. «Empecé a los nueve años junto con varias amigas. El colegio y la playa estaban al lado, así que nos animamos como una manera de pasar el verano -recuerda-. Cuando era pequeña, en Aldán solo había fútbol y piragüismo. Si querías practicar otro deporte tenías que desplazarte a Cangas, así que el kayak me permitía ir diariamente a entrenar sin depender de nadie».
Su carácter competitivo no tardó en manifestarse. «En mi primera regata no conseguí medalla, pero verme delante me motivó para seguir entrenando para conseguirla», reconoce. Lo que comenzó como un divertimento de verano, pronto se tradujo en resultados deportivos que despertaron el interés de los técnicos. A los catorce años, ya ingresó en el Centro Galego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra, en el que ha pasado más de media vida. «Allí comencé otra etapa, en la que el día a día está adaptado para entrenar y estudiar. Antes entrenaba después de las clases, pero estando aquí es más fácil compaginarlo», afirma.
Olímpica a los 18
Desde su entrada en el Centro de Tecnificación, la progresión de Teresa fue meteórica. Sus resultados pronto confirmaron las esperanzas que los técnicos habían depositado en ella. Siendo juvenil, se quedó a las puertas de las medallas en el campeonato del Mundo que se disputó en Zagreb en 1999, con un cuarto puesto en K-1 500 metros.
Al año siguiente, se proclamó subcampeona de Europa en Francia, también en K-1 500, y poco después se impuso en un Máster a nivel nacional en la misma distancia, tanto en categoría juvenil como sénior, lo que le llevó a ser seleccionada para los Juegos de Sidney. «Fue algo inesperado. Mi objetivo era el Campeonato de España juvenil. Sabía que era año olímpico, pero ni se me pasaba por la cabeza», recuerda. Casi sin darse cuenta, se encontró en la cita australiana con 18 años recién cumplidos. Cayó en semifinales, pero la experiencia le sirvió para conocer cómo son unos Juegos.
Después de Sidney, Teresa volvió a su rutina habitual, pensando que Atenas 2004 todavía quedaba muy lejos. «Todo vino rodado. Tras los Juegos, me concentré con el equipo nacional, entré en el K-4, en 2001 hicimos bronce en el Mundial... Y cuando te das cuenta te plantas en 2003, año en que nos clasificamos para Atenas», señala.
En aquellos Juegos, Teresa consiguió sus dos primeros diplomas olímpicos, en K-2 y K-4 500, con sendos quintos puestos. Y el ciclo se repitió de cara a Pekín, donde sumó un nuevo diploma con otro quinto puesto en K-4 500.
Ahora, con sus cuartos Juegos en el horizonte, su ilusión es la misma, pero con una mentalidad todavía más fuerte, inmune al desánimo. «Siempre compito para intentar ser la mejor, esa es mi mentalidad. La competición te pone en tu lugar y toca valorar la dificultad de lo que has conseguido. En unos Juegos la igualdad es máxima y todo se decide por detalles», afirma. Sabe que no lo tendrá fácil, pero después de cuatro intentos, los Juegos le deben una medalla. A la cuarta será la vencida.
Aldán puede presumir de tener a dos de los mejores palistas de la historia, Teresa Portela y David Cal. Los dos comenzaron su carrera en el Club de Mar de Aldán, y en Londres afrontan sus cuartos Juegos.
Para estar en los Juegos, deberá ganar la Copa de España que se disputará en Verducido en mayo. Si no lo consigue, tendrá que jugarse su plaza en un control interno de la Federación Española en junio.
En Londres, Teresa competirá en la nueva distancia olímpica, el K-1 200. Las expectativas son altas, ya que a lo largo de su carrera acumula dos títulos mundiales y cuatro continentales en esta prueba.
Después de tres diplomas olímpicos, este año luchará por conseguir su primera medalla