
Siete años después de su cierre, el Concello sigue sin tomar una decisión sobre el futuro del edificio
08 abr 2012 . Actualizado a las 07:10 h.El que fuera un centro clave en la vida social de Vigo se ha convertido en un edificio en ruinas sin que su propietario, el Concello vigués, sea capaz de tomar una decisión. Las opciones son escasas, prácticamente dos: derribarlo y recuperar la muralla de O Castro, por la que apuesta la mayoría de la corporación, o reconstruirlo y darle una utilidad aún por decidir.
Este compás de espera se alarga desde el año 2005, momento en el que la alcaldesa, Corina Porro decidió no renovar la concesión. A partir de entonces el tema del futuro del inmueble ha estado sobre la mesa, pero nadie ha sido capaz de tomar una decisión.
Las posturas al respecto están claras. El BNG es partidario de su eliminación, única forma de recuperar el conjunto de las murallas del recinto histórico de O Castro, tesis que cuenta con el respaldo del PP, e incluso de la Xunta, que consideran que este añadido ilegal realizado a mediados del siglo XX no tiene motivo alguno para pervivir.
Sin embargo, desde el lado socialista se han planteado reticencias, aunque nunca lo han defendido de manera clara. El partido que ocupa la alcaldía desde 2007 era proclive a mantenerlo, pero no para explotarlo como restaurante privado, como ocurrió hasta 2005, sino como balcón sobre la ría para actos institucionales.
Pese a ello, la postura del Abel Caballero se ha ido modificando aunque durante su mandato dejó pudrir este asunto. De hecho, a finales del año pasado llegó a decir que El Castillo sería demolido en 2012, pero no ha vuelto a hablar del tema. Y tampoco su eliminación ha sido tenida en cuenta en los presupuestos municipales ya que ninguna partida tiene esta denominación. No figura, pues, ni en el área de Patrimonio Histórico ni tampoco en la Gerencia de Urbanismo.
Y mientras, el edificio de El Castillo llama cada vez más la atención de cualquier visitante de O Castro. Aunque existe una valla que limita su acceso, dada su baja altura es sencillo acceder. La prueba es que ventanas y cristales están rotos, se encuentra lleno de pintadas y el Concello incumple sus propias normas al no tapiarlo para evitar más daños.
Un vistazo al interior permite comprobar cómo ya no queda nada en pie. Los falsos techos están caídos, la techumbre presenta agujeros por los que penetra el agua y su estado de abandono lo ha convertido en una ruina que con trabajo se mantiene en pie. Por eso quien se arriesga a entrar cada vez lo hace con mayor peligro, pero no parece que ello concierna a un Concello que parece haberse olvidado de El Castillo.
Tampoco se sabe que la Xunta haya presionado al gobierno municipal para que tome cartas en el asunto.