¿Se oculta en Vigo el histórico incensario medieval, de plata y con piedras preciosas, que los franceses robaron en Santiago en 1809?
15 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.S i busca argumento para novela de intriga histórica, aquí va un título: El código botafumeiro. Es fácil que sus lectores se lo tomen a rechifla. Pero, aunque suene raro, en esto hay una historia y un misterio que tienen a Vigo como protagonista. Y es que, el día más insospechado, en la excavación de cualquier calle humanizada podría aparecer el más famoso incensario del mundo, construido en 1554 gracias a una donación del rey francés Luis XI, en 1400. La misma joya en plata e incrustaciones preciosas que lleva desaparecida desde principios del siglo XIX.
Y es que todas las pistas sobre el botafumeiro original de la catedral de Santiago vienen a terminar en Vigo. El misterio se inicia a comienzos de 1809, cuando entran en Galicia los ejércitos napoleónicos comandados por los mariscales Soult y Ney. Tras perseguir al general inglés John Moore, que muere en la batalla de Elviña, comienzan la dominación del país. Una tras otra van cayendo las ciudades y la tenaza se cierne sobre Vigo, donde entran el 30 de enero.
Antes, los franceses han saqueado todo a su paso. Exigen alimentos para soldados y caballos, se alojan por la fuerza en casas y pazos, incendian palleiros, arrasan hórreos y matan gallinas, vacas y puercos. Es la política de tierra quemada que, al alentar la rebelión, será su perdición.
«Los soldados, llevados del instinto de saqueo, traían al campamento objetos que nada les podían servir», narra en sus memorias el oficial francés Naylies, «junto a las pipas de vino y víveres de toda especie y de forraje para los caballos, se veían guitarras, libros, cuadros, puertas arrancadas... trajes de hombres, de mujeres, de frailes y curas».
Los saqueos incluyen los objetos religiosos de las iglesias. Y, en Santiago, la catedral es su mayor tentación. En la rapiña general, se llevan el histórico botafumeiro. Y se pierde para siempre su pista.
Según algunas fuentes, los franceses pudieron fundirlo para facilitar su transporte. Hay quien afirma que tal vez acuñaron moneda para realizar pagos a los soldados, lo cual suena poco verosímil. Lo único cierto es que el gran incensario de la catedral, un joya de plata maciza, no vuelve a aparecer. Y su última pista conocida está en Vigo.
Y es que la plaza viguesa se convirtió en el depósito de todas las riquezas que el ejército del mariscal Soult había ido acumulando durante la campaña de 1809. Se conserva una carta del general Lahoussaye dirigida al comandante Chalot, gobernador de los ocupantes, en la que termina con la frase: «Cuide de mi carro». Habla de los carruajes que los oficiales llevaban, cargando los objetos saqueados. Todos ellos fueron confinados en el castillo de O Castro, junto a la caja de pagos del ejército. Probablemente, también estaba aquí el propio botafumeiro.
El tesoro francés se quedó en Vigo por dos razones. La primera, porque Soult tenía órdenes de cruzar el Miño con urgencia y dirigirse a Oporto. Y los pesados carros habrían demorado su marcha. La segunda, es el déficit de infraestructuras que, también entonces, padecía Vigo.
En 1809, Galicia estaba comunicada por el litoral, de norte a sur, por el llamado Camino Real, una vía empedrada, de cierta anchura, capaz de asumir un tráfico de carros en dos sentidos, salvando los grandes accidentes naturales. Pero, en sus doscientos kilómetros de extensión, de A Coruña a Tui, había un tramo sin construir: el de Redondela a O Porriño. Lo que hoy sucede con el AVE ya ocurría, como vemos, hace más de dos siglos.
Soult intentó llevar los carros con el botín de guerra hasta Tui, la capital de la provincia. Pero no pudo conducirlos por los caminos de herradura, enlodados en pleno invierno. Por esta razón, todas las riquezas se quedaron en Vigo y fueron repartidas el 29 de marzo, mientras las tropas francesas embarcaban prisioneras rumbo a Inglaterra, entre quienes participaron en la Reconquista.
Por fuerza, el histórico botafumeiro -en su integridad o como plata fundida- se encontraba en este tesoro acumulado en Vigo. Tal vez, viajó a Inglaterra como botín, a bordo de las fragatas Lively o Venus. Pero lo más probable es que terminase en manos da alguno de los caudillos de la rebelión.
Así que, tras la recuperación del Códice Calixtino, el improbable hallazgo del botafumeiro original, el del siglo XVI, sería una bomba informativa. Aunque tal vez sea mejor seguir con el actual, obra de Losada a mediados del XIX. Como fue construido en latón, está más a salvo del interés de los electricistas.
LA BUJÍA DEL DOMINGO Por Eduardo Rolland
eduardorolland@hotmail.com
«Las riquezas robadas por los franceses se concentraron todas en Vigo»
«Al Camino Real solo le falta el tramo de Redondela a O Porriño»