La instalación de mesas y sillas en espacios públicos ha sufrido un auténtico bum que lleva a los concellos a buscar la uniformidad
06 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Corría el 6 de agosto de 1991 cuando el Concello de Ribeira anunciaba su decisión de ampliar a todas las jornadas de verano los cortes de tráfico en las calles céntricas de la ciudad para favorecer la instalación de terrazas y permitir que la gente paseara libremente sin temor a los vehículos.
En aquellos tiempos casi no había vías peatonales y los automóviles campaban a sus anchas, por lo que sentarse al aire libre en un local hostelero estaba bastante limitado: «Es una forma de potenciar el turismo y de ofrecer un servicio más a los habitantes», afirmaban desde el Concello.
No fue hasta una década después cuando empezaron a humanizarse las calles en los municipios de la comarca, limitando el paso de turismos en beneficio de los transeúntes. La decisión del entonces gobierno ribeirense era un anticipo de los cambios posteriores en el paisaje urbano.
Comenzaron entonces a proliferar las terrazas, y con la entrada en vigor de la ley antitabaco, el 2 de enero del 2011, se produjo un auténtico bum en toda la comarca.
Ahora son las terrazas las que parecen amenazar con acaparar el espacio que los ciudadanos ganaron a los coches. Por eso continúan estando de actualidad. Los ayuntamientos elaboran ordenanzas que regulan los espacios libres que deben dejarse para el tránsito de personas.
Y, como nuevo elemento del mobiliario urbano que son, también se establecen normas en busca de la uniformidad y el equilibrio estético.