Siete maestros de la pintura y la escultura en Visol
31 dic 2012 . Actualizado a las 06:00 h.En la galería Visol y hasta fines del presente mes de enero tiene lugar una importante exposición colectiva, bajo el título Clásicos Galegos: pintura, escultura, que cuenta con hasta catorce obras, creadas en su conjunto por un total de siete grandes artistas gallegos, en escultura o pintura: Arturo Baltar, Barreiro, De Dios, Lago Rivera, Prego, Sucasas y Virxilio. Viejos maestros del arte a los que el tiempo ha convertido en clásicos.
Pasaron la prueba del tiempo, sus cotizaciones crecieron por salto en la medida en que su oferta se atenuó o incluso cesó en el mercado primario del arte. Pero, sobre todo, como suele decirse, quedan para el arte: o, mejor todavía, para la historia del arte. Compendiaron su momento artístico: como dice Paul Valéry, «lo esencial del clasicismo es venir después». Fueron, por otra parte, verdaderos creadores y como dice Eugène Ionesco, «Todo verdadero creador es un clásico». Y, en fin, elevaron el arte al máximo desde la sencillez: como dice André Gide, lograron «expresar el máximo diciendo el mínimo».
De ese grupo de clásicos me quedo personalmente con algunos que forman como la primera división de ese clasicismo. En concreto los ourensanos Arturo Baltar (1924), José Luis de Dios (1943-2010), Manuel Prego Olivier (1915-1986) y Virxilio Fernández Cañedo (1925-2011), y el coruñés Antonio Lago Rivera (1916-1990). La unanimidad en el aprecio de que gozan éstos, implica una consagración absoluta.
El crítico Antón Castro destaca en Prego como «la tradición y la naturaleza o la realidad de su entorno serán las motivaciones de su pintura, cuyo realismo de corte popular, muy etnográfico y de regusto costumbrista, apenas sufre evoluciones». Añade que «adquiere una dimensión sencilla y casi franciscana a la hora de concebir el realismo como un código donde las figuras y los objetos parecen estar al margen del tiempo». Castro, por otra parte, en Antonio Lago Rivera ve, sobre todo, un «protagonista distinguido en la aventura de la abstracción española de los años cincuenta»; y de Baltar , al que considera «a medio camino entre lo que podemos considerar condición artística y trabajo artesanal», subraya el «estatismo frontal del románico primitivo».
A su vez, la crítica Susana Cendán Caaveiro resalta en Virxilio «la presencia del románico más popular» y detecta además en él «postulados cercanos al naïf»; así como, con respecto a De Dios, advierte que sus obras «reivindican para los hombres un mundo mejor y les advierten de los peligros que acarrearán la tecnificación industrial y el consumismo», a los cuales se enfrenta con «un dibujo conciso de un gran rigor lineal y en unas composiciones pensadas con gran exactitud, imponiendo un orden formal al violento caos que sufre nuestra sociedad».
Obra expuesta
El renglón de la escultura de esta muestra está representado exclusivamente por el ourensano Arturo Baltar, a través de cuatro obras. Tres de ellas son las terracotas Boda (en relieve enmarcado), Coro y Moza. Y la cuarta es un bronce, Maternidad. En cuanto se refiere a la pintura, José M. Barreiro está representado en esta muestra por el óleo Pintor y modelo (1985). José Luis De Dios, por el lienzo Abrazo (1965). Antonio Lago Rivera, por la acuarela Paisaje (1980). Manuel Prego, por la aguada Caballos (1970) y el óleo Bañista (1975). Sucasas, por el grafito Sueños (1980). Y Virxilio, finalmente, por los cuatro más que espléndidos óleos/lienzo: Bodegón (1964), Mujeres vendedoras (1975), Desnudo (1985), y Paisaje (1990).