Los vertidos siguen obstaculizando el aprovechamiento del arenal
02 jun 2013 . Actualizado a las 06:58 h.En los años sesenta España aún era franquista, pero la modernidad ya llamaba a sus puertas. Y esa modernidad trajo el turismo y la moda de tostarse al sol, algo que nunca entendieron los abuelos, para quienes lo elegante era la tez blanca y fina.
Vilagarcía, casi sin quererlo, fue una de las localidades más beneficiadas por ese bum. Porque se había quedado sin las playas de Vilaxoán, y A Concha y A Compostela dejaban mucho que desear -la arena no era buena, había fábricas y un puerto industrial demasiado cerca y la playa dejaba de existir cuando subía la marea-. Pero tenía una gran ventaja: un tren que dejaba a los pasajeros de Santiago a primera línea de costa. Ese fenómeno lo explica muy bien el carrilexo Moncho Pasiensias, acostumbrado a navegar por la ría en su juventud. «A Compostela estaba chea de xente e a praia de Sanxenxo máis aínda, pero ías a Ribeira e estaban baldeiras, porque a xente non tiña coche para chegar alí».
Javier Gago y su equipo fueron conscientes de que el arenal se había convertido en una jugosa fuente de ingresos, y aprovechando bonanzas económicas que ya son pasado, pusieron en marcha un ambicioso proyecto de regeneración de la playa que incluía, por parte de Costas, la construcción del paseo marítimo. Tras muchos problemas con las expropiaciones de terrenos, se inauguró en el año 1997, año en que también se estrenó la iluminación que permite pasear de noche en la que ya se conoce como la ruta del colesterol.
Pero el principal problema de A Compostela sigue sin solución; son los vertidos que provocaron que el arenal perdiese en el año 2007 la bandera azul que lució durante un decenio, con idas y venidas. La Xunta se comprometió a erradicarlos antes del verano con una inversión de once millones en el saneamiento de Vilagarcía. «¡Cuán corto me lo fiais!», podría decirse en este caso.
a concha y a compostela