Tras varios años, vuelven los trabajos arqueológicos al castro de Elviña
30 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Cincuenta y un años después del primer paso arqueológico en el castro de Elviña, las excavaciones continúan. Hace dos días que se retomaron los trabajos tras varios años en blanco, con el objetivo de recuperar toda la superficie de aquella urbe milenaria. Escondidos en las entrañas terrestres, se descubrieron ya importantes hallazgos.
El ídolo fálico, el aljibe o la casa de la exedra fueron algunas de las piezas recuperadas de la maleza. Joyas que hoy forman parte del Museo Arqueolóxico del castillo de San Antón, y que irían seguidas de otras que aparecieron en el año 2002. Renació por aquel entonces el castro, tras encontrar las casas de la croa, las murallas, el taller de metalurgia y miles de piezas de cerámica, metal y vidrio. Esta es una exploración que se toma su tiempo.
Desde que el gobierno local adjudicara en el año 2003 el llamado Plan Artabria, su arranque se ha ido dilatando. Un año después se abrió una convocatoria para escoger al arquitecto que abanderaría la Casa de los Antepasados de Elviña. Manuel Gallego Jorreto, premio nacional de Arquitectura por el edificio que alberga el museo de Belas Artes, fue el elegido. Sin embargo, la construcción de la Casa de los Antepasados ha quedado paralizada por falta de financiación y dificultades en la expropiación de los terrenos, que llegó a ocasionar conflictos con los vecinos. Ya en el 2008, se llevó también a cabo un estudio topográfico a lo largo de las ruinas. Pero a pesar de la lentitud de las exploraciones, se han desenterrado verdaderas maravillas del seno del castro. Hay varios lienzos de muralla que rodean la zonas diferenciadas de los yacimientos. Una delimita la acrópolis, el barrio superior, y la otra podría flanquear otro barrio de la población.
Tesoros ocultos
Las casas permiten conocer la arquitectura del lugar, con plantas rectangulares y circulares. Sin excluir el descubrimiento en una de ellas del tesoro, compuesto por una diadema, una gargantilla, trece cuentas de collar y un colgante, todo ello de oro. Un pozo, varios canales tallados en la propia roca y diversos materiales domésticos tales como molinos de mano o de vaivén, variadas cerámicas, hogares y elementos de metal completan parte de los muchos elementos extraídos del interior del castro.
Ahora que por fin se ha abierto un nuevo capítulo de su historia, solo cabe esperar los resultados que arrojen los arqueólogos . Lo cierto es que por ahora y tras más de medio siglo, las ruinas de las 65 hectáreas que componen el vestigio continúan, en su mayor parte, bajo tierra.