«Raxoi fue para mí agridulce»

xosé manuel cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

FIRMAS

Álvaro Ballesteros

El primer árabe concejal en España añora la honestidad en la política

27 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Emil Farhan Sabbagh Hannun

Profesión

Médico y ex concejal del Ayuntamiento de Santiago

Rincón

La plaza do Obradoiro con el Ayuntamiento, porque me recuerda un momento importante y una honda experiencia de mi vida en Compostela

Emil lleva la sonrisa en el rostro desde que vio brillar el sol por primera vez en Jordania. Un día llegó a Madrid y preguntó por una ciudad con pocos árabes para aprender español. Llegó en tren a Santiago, se apeó sin un rumbo fijo y anocheció en una pensión de Fonte de Santo Antonio. Muchos días su ingesta se redujo a leche y pan. Se sentó en un aula de Farmacia (la carrera que le eligió su padre) y escuchó horas y horas a los profesores sin entender papa. Entró poco a poco en la lengua «dándole la lata a la gente», y cambió Farmacia por Medicina, que era lo suyo.

Emil no era tímido y se hacía notar en clase. Iba por el Franco, pero no estaba acostumbrado a la cultura del vino. «Y no frecuentaba las discotecas porque vine para estudiar», puntualiza. Era la encomienda paterna.

Tras finalizar medicina interna abrió una consulta en Vedra y luego trabajó en la inspección médica. Las kilométricas listas de espera, a menudo por patologías banales, le sugirieron la ocupación de camas en centros concertados: «Hubo un gran entendimiento con Arturo Prieto, el director del hospital». Confiesa que una vez le mantuvo la baja a una persona por cuestiones familiares extremas: «Fue un fraude humanitario, pero si le daba el alta se pegaba un tiro».

Xerardo Estévez le llamó y Emil se convirtió en el primer árabe en ocupar un escaño en España: «Para la gente fue una sorpresa. Se preguntaba qué hacía un moro en el Concello de Matamoros, si era una reconquista o una venganza». Entró en Raxoi con mucha ilusión: «Pero pronto descubrí que no todo el monte es orégano». Iniciativas de mejora sanitaria en la prostitución o el hermanamiento de Santiago con Jerusalén cayeron en saco roto: «Mis proyectos al parecer sonaban a escándalo. La política es imagen y ataduras». Vivió una «etapa agridulce», pero «una experiencia que me enriqueció», dice.

Eso sí, «Estévez me mandaba a comer con los ministros, por eso de lo exótico, y les contaba mi trayectoria». Se carteaba con Tierno Galván. Un día llegó Jordi Pujol y preguntó directamente por él: «Me dijo que era médico como yo y había quedado atrapado por la política. Me deseó suerte». Apunta un detalle de ese periplo: «Éramos honestos e ingenuos, no había ambiente de corrupción política y trabajábamos ilusionados. Había más comunicación y cercanía».

Mejor gestión sanitaria

Emil fue designado director gerente del hospital de Monforte y ahí aplicó su filosofía sanitaria. Trajo médicos, descongestionó, creó un banco de sangre («si no nos la daban, teníamos que buscarla»), arropó al personal y orientó por los pasillos a pacientes despistados.

¿Y cómo es el Santiago sanitario de hoy? «Hay una deficiente organización y una inexistente planificación entre el personal y la dirección. No ves al director con la gente ni lo ves bajar para saber cómo van los servicios. Yo en Monforte le tenía fobia a mi despacho. ¿Dónde está la comunicación ahora, la cercanía, el respaldo al personal?».

Si Emil dirigiese el hospital de Santiago «lo cambiaría todo, porque esto funciona por inercia. Y es fácil el cambio ya que la gente está dispuesta a colaborar. Han mudado los tiempos y las filosofías, pero hay cosas obligadas para una gestión eficaz».

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