La pretendida tranquilidad que transmite el alcalde de Ourense no le cuela a los ciudadanos. Su reiterativo mensaje, y también de sus ediles más próximos ya que los díscolos apenas hablan, de que el gobierno trabaja a pleno rendimiento y sin contratiempos no cala. Y es que los excesos y fallos se pagan y el grupo municipal socialista lleva error sobre error desde hace ya demasiado tiempo. Su alocada batalla interna, pese a los intentos de disimulo del alcalde y su equipo, le pasa factura en la calle. Lo reflejó la primera encuesta de Sondaxe, en la que se avanzaba un castigo en las urnas en 2015, y en la segunda entrega los ciudadanos van un paso más allá, ya que cuatro de cada diez les ve incapaces de mantener el timón del gobierno hasta la cita electoral. Es el precio de transmitir la imagen de un gobierno roto por sus propias batallas internas y al que solo mantiene el hilo casi caritativo del BNG. No se puede, sin embargo, entender esa sensación de falta de autoridad en el Concello sin mirar hacia Lugo y hacia la jueza de Lara. La Pokémon dinamitó el gobierno local, y en el caso de Ourense no se puede decir que sea una frase manida. El proyecto de la marca Paco Rodríguez, que era un valor en alza en el PSOE saltó por los aires. Su paso por los calabozos y su posterior puesta en libertad bajo fianza le cortó las alas. Ahí empezó la deriva del gobierno municipal. El BNG se echó a un lado y la llegada de Agustín Fernández apenas sirvió para calmar los ánimos de un grupo que llevaba tiempo desunido y que entendieron la salida de Paco Rodríguez como el bocinazo para iniciar las hostilidades que hacía tiempo se guardan para sí. Quizás por las consecuencias de todo aquello, tanto para la imagen del PSOE como para lo que sin duda más nos importa al común de los ciudadanos, que es Ourense, es más de valorar que la mayoría de los ourensanos consideren que su dimisión estuvo justificada. Y donde más lo entienden así es en el caladero de voto socialista. Este es, sin duda, el otro gran golpe que la encuesta de Sondaxe le da al alcalde ourensano, ya que choca con su mensaje repetido hasta la saciedad de que Paco Rodríguez no tendría que haber dimitido. Quizás, ahora que se lo dicen los ciudadanos, entienda que por un lado va la vida política y por otra la judicial. Ante la jueza responderá Rodríguez de las acusaciones que esta le plantea, pero ante los ciudadanos ya ha tenido que pagar el peaje. Es el elevado precio de verse involucrado en supuestos regalos de relojes de lujo y en conversaciones «amistosas» con empresarios a los que contrataba servicios en Ourense. Ante eso no hay cercanía ni carisma que resista.