Turismo de esperpento

Alicia Fernández LA SEMANA DE...

FIRMAS

Desde este espacio ya comentamos que la Mancomunidade Arousa Norte se fija objetivos bajos, con presupuestos que dan para más, y vista su insistencia alrededor de algo tan puntual y con escasa incidencia en la economía comarcal como es el turismo sensorial -que no digo que no sea interesante como complemento, pero en modo alguno como eje de actuación- quiero plantearle una idea para, por lo menos, complementar la oferta: un recorrido por la ruta del esperpento en la obra pública.

Para que no me acusen de zurrar en lo ajeno, la primera etapa la sitúo en Boiro. Empezaremos por las obras a medio uso para rematar en las de desuso. La alocución que sonará en los auriculares del típico y hortera tren chuchú que circula por todas la villas que se precien, lleno de guiris con sandalias y calcetines, podría ser: A la izquierda (no va con segundas) pueden admirar un bello mamotreto concebido como centro social y cultural de la pintoresca población marinera de Cabo de Cruz. Estrecho, alto, con menos enjundia que el mecanismo de una escoba y con vistas al? ¡campo! Dentro podrán admirar problemas funcionales, de mantenimiento y de puesta en servicio. Alberga una valiosa exposición permanente sobre su difícil gestación y más doloroso parto. Seguirá: Hemos llegado a la tranquila parroquia de Abanqueiro. El despropósito que les golpea la retina de frente es otro centro social y cultural, coetáneo del anterior y esclavo de las mismas miserias. Pero aquí, para rizar el rizo, podemos deleitarnos al mismo tiempo con una aberración urbanística que ríete tú en Alemania cuando lo cuentes: ocupación total de parcela, invasión de vial y dificulta la visión creando un peligro en la circulación.

Pero ahora llega lo bueno. No se me duerman rubios y enrojecidos extranjeros. Tengan a mano sus más sentidos ¡Oh, my God! La ocasión se lo merece porque después de esta pronunciada pendiente, a su derecha, podrán admirar una majestuosa realización: un auténtico vivero de empresas y escuela de hostelería totalmente cerrado. Una realidad que no podrán ver en sus decadentes países. Doscientos millones de nuestras añoradas pesetas con sus humedades, sus matorrales y sus decorativos desconchados. Un canto alegórico al refranero tradicional: ?poñelo carro diante dos bois?. Y para finalizar la traca final, el japiaur de allá. El irresistible dos por uno de acá: un aparcamiento para arañas y una rimbombante ?estación de autobuses? impracticable, lo que ustedes, más humildemente, si lo tuvieran o tuviesen, denominarían apeadero de mierda.

Fin del trayecto. Pueden cerrar sus bocas y, si lo desean, realizar otras interesantes rutas como esta por la comarca. O, si buscan emociones fuertes, disfrutar del sumun del despiporre galaico: visita -de tirón- al puerto exterior de A Coruña, al de Ferrol y al recinto ferial de la misma ciudad. Una montaña rusa de cifras mareantes, la madre de todos los cementerios de impuestos ¡Atención, solo apto para personas que no padezcan de rigor presupuestario y sentido común!