Izal: «Somos más despiadados con nosotros que cualquier crítico»

Casi un año después de haber sacado el disco, en el momento de mayor comunión con su público, la banda inicia en A Coruña su «Autoterapia», la gira más ambiciosa de su carrera


Los ingredientes eran de sobra conocidos. Es de suponer que el secreto está en su precisa y certera combinación. Izal dio con la fórmula. Y sin apenas salirse del guion, tirando de épica de manual y de sobrecarga emocional, ha conseguido una inaudita conexión con el público. Conexión que mañana se verá no solo refrendada, sino seguramente amplificada en el concierto con el que ponen en marcha su gira Autoterapia. Ha transcurrido casi un año desde que salió el disco, cierto. Pero es que Izal ha aprendido a concederse esas tan necesarias como infrecuentes pausas. En ese período de reflexión y de trabajo en la trastienda -alimentado por el acervo acumulado en su intenso periplo festivalero- ha ido naciendo un espectáculo del que Mikel Izal dice no haber tenido consciencia de su «brutal dimensión» hasta no haberlo visto montado. «Nosotros mismos estamos flipando».

-¿Cuál son las sensaciones que se imponen a las puertas del inicio de la gira?

-Estamos encantados a la vez que nerviosos. Porque el show es muy ambicioso y con muchas novedades.

-¿Es el de A Coruña el concierto más importante de Izal tras el del Wizink Center?

-Sí, sin duda. Lo que la gente va a ver en esta gira es algo totalmente diferente a lo que está acostumbrada a vernos en festivales.

-Con la perspectiva de casi un año desde que salió el disco, ¿qué balance haces de «Autoterapia»?

-Ha superado todas nuestras expectativas. Y no era fácil. Copacabana nos había puesto el listón muy alto. Nosotros estábamos tremendamente contentos con el disco incluso antes de sacarlo. Pero no siempre el público comparte esa sensación. Comprobar que estamos alineados con nuestros seguidores nos animó a afrontar un reto tan ambicioso como esta gira.

-No es frecuente que un grupo inicie la gira de un disco un año después de su edición. ¿Por qué esta decisión?

-Autoterapia salió en marzo y un par de meses después ya estábamos en festivales, con otro tipo de guion. Pensamos que era mejor dejar la gira para el 2019, tener tiempo para pensar y repensar qué queríamos hacer, para probar algunas de esas canciones, reservar otras... Y fue un acierto. Hoy el grupo está mucho más maduro que cuando salimos del estudio, hace un año.

-¿«Pausa», además del título de una canción, es la nueva palabra fetiche de Izal ?

-Pues sí. Los ocho primeros años de Izal fueron frenéticos. Al acabar la gira de Copacabana fuimos conscientes de que había que tomar aire. Y ese aire nos ha sentado muy bien. Así que pensamos repetir la fórmula. No nos persigue nadie.

-¿Cuáles son los principales peligros que acarrea el éxito?

-No ser capaz de asimilarlo ni de normalizarlo. En Izal creo que ese peligro lo hemos esquivado. Pero en cualquier caso prefiero afrontar los peligros del éxito que los que acarrea el fracaso.

-En muchas de las canciones de «Autoterapia» dejas que asomen tus fantasmas. ¿Cuál es tu inquietud recurrente?

-No sabría cuál elegir [se ríe]. No ser capaz de disfrutar de las cosas pequeñas. Ese podría ser mi gran error, mi gran defecto o mi gran carencia. Volviendo a lo que te decía antes, si no disfrutas de la normalidad no vas a ser capaz de disfrutar de la grandiosidad.

-En marzo del 2018 decías en este mismo diario que «hay que descansar hasta de la felicidad».

-El problema es que si todo es luz te acostumbras a ella y ya no la valoras. Cuando aún no estaba en esto de la música, recuerdo que cuando salía del trabajo los viernes era una persona extremadamente feliz. ¿Y por qué? Pues porque había sufrido lo mío de lunes a viernes y me esperaban dos días por delante sin tener que ir a trabajar, porque me lo había ganado.

-¿Resultan más creativas las sombras que las luces?

-Mucho más. La tristeza toca fibras de una forma mucho más brutal que la alegría. Por eso yo, que soy una persona a la que le cuesta un pelín ser feliz, por desgracia siempre tengo mucho de que escribir, por muchas cosas buenas que me pasen.

-Muchas salas de conciertos están pasando un momento complicado y señalan como causa el que el público no acude a sus bolos porque espera para ver a esos grupos en festivales. -Pueden los festivales estar poniendo en peligro el circuito de salas?

-Es un tema que me preocupa. En mis conciertos siempre recalco que la gente no deje de ir a las salas. Es en ellas donde puedes tocar cuando empiezas. Las salas son el inicio de todo. Así empezamos nosotros. Pero no deja de resultar una paradoja, porque al mismo tiempo gracias al auge de los festivales los jóvenes están adquiriendo el hábito de dedicar su ocio a consumir música en directo. Y eso es positivo. Yo insistiría en que no tiene nada que ver lo que van a ver de Izal en los conciertos de esta gira con lo que ofrecemos en un festival. Ojalá esa semilla que siembran los festivales en verano sirva para que en invierno la gente eche de menos la música en directo y se acerque a las salas.

-¿Tú sigues yendo a conciertos?

-Dicen que en casa del herrero... Es que me paso la vida en mis conciertos. Pero sí, cuando vienen colegas a tocar a Madrid siempre me lían y al final voy a un montón de conciertos. Y encantado.

-¿Es ahora la música más democrática que nunca?

-Sí, creo que vivimos en una época de absoluta democracia musical en el sentido de que a nadie le obligan ya a escuchar lo que no quiere. Hoy el mundo musical se mueve más por recomendaciones personales y por lo que la gente comparte en sus muros que por lo que dictan mediante el bombardeo masivo tres grandes plataformas de comunicación. Aunque queda un poco de eso.

-¿Ha habido por parte de la escena indie una cierta superioridad moral respecto a, por ejemplo, propuestas más mainstream?

-Lo de «tú no tienes ni idea porque lo que mola es lo que solo conozco yo» es más antiguo que el fuego. Pretender la exclusividad cultural es absolutamente estúpido. Pero sí, conozco gente, y medios de comunicación, que cambian de opinión respecto a un proyecto artístico en función del número de gente que disfruta de él. Espero no cometer nunca ese error.

-¿Cómo llevas las críticas?

-Bueno, hay algunas que lees, entiendes su origen y dices: «Hummm, en esto tiene razón». Y otras es mejor no leerlas porque solo buscan destrucción. Creo que lo mejor es escucharse a uno mismo y aprender a ser tu peor crítico. En ese sentido Izal somos un puto coñazo. Somos más despiadados con nosotros que cualquier crítico.

-La crítica de «Autoterapia» de una publicación digital de referencia de la escena indie empezaba diciendo «Izal es un grupo conservador».

-No sé... Solo puedo decir que no estoy de acuerdo. Es su verdad, no pasa nada. Pero si asistiese a los procesos creativos del grupo, a la búsqueda de nuevos elementos, nuevos timbres, el no quedarnos en la estrofa-estribillo-estrofa-estribillo, el hacer canciones que empiezan de una forma y acaban en una progresión que nada tiene que ver con el comienzo... A quien hable de conservadurismo con la estructuras que tenemos le diré que... En fin, podría ser muy destroyer.

-También es recurrente la referencia a vuestras similitudes con Vetusta Morla.

-Cualquiera que escuche, sin el velo del prejuicio, los dos proyectos alucinará con eso. Es algo que no tiene ningún fundamento musical. Supongo que tendrá más que ver con una moda o con una actitud.

-«Tantas palabras para no decir nada», cantas en «Ruido Blanco». ¿Es ese tu gran miedo?

-Más que un miedo personal, creo que es un defecto de la sociedad, del cual no nos libramos nadie. Esa frase tiene mucho que ver con los discursos vacíos y con lo que se vive en las redes sociales. Con que importa más aparentar que ser. Vivimos entre un exceso de información y, paradójicamente, no resulta nada útil. Una pena.

  • A Coruña. Coliseum

      Sábado 23, 21.30 horas, 34 euros

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