La lección de amor de Mafalda

Hace 50 años que llegó a España esta gran defensora de los derechos humanos y la inteligencia del lenguaje y el humor. ¿Qué es el amor, Mafalda? No esperes «susanitadas»


La realidad doméstica, la bola del mundo, políticos y correctos, la sopa, la hipocresía, cualquier chorrada convertida en ley adulta, los locutores de radio, padres, madres, profesoras y vendedores a domicilio, amigos propios y ajenos. No se me ocurre nadie ni nada que no hayan recibido un disparo genial y letal de la lengua de Mafalda. ¿Y el amor? ¿Qué lugar ocupa el amor y cómo se define en el universo inteligente y realista de la hija más rebelde de Quino? No esperes una «susanitada» de El amor según Mafalda, la ristra de tiras con que la editorial Lumen celebra el 50.º aniversario de la primera publicación en España de esta justiciera con lazo, faldas y humor. Hoy que quizá solo Mafalda sería capaz de aclararnos el rumbo y el sentido del Ministerio de la Igualdad, habrá que echar la vista atrás para armarnos con humor de su legado en viñetas.

«Ya que amarnos los unos a los otros no resulta, ¿por qué no probamos a amarnos los otros a los unos?». Elemental. Su gracia tiene un sentido, conciencia de las debilidades humanas, de cómo son las cosas por las dos caras.

En Confesiones de una editora poco mentirosa (Lumen, 2020), Esther Tusquets relata cómo llegó a conocer y contratar la obra del artista que se convirtió en uno de los iconos de la editorial. Tras coincidir en la Feria de Fráncfort con el agente de Quino, Tusquets hizo «una modesta edición del primer cuaderno» de Mafalda. «Creo que tres o cuatro mil ejemplares... Y la venta, ante la sorpresa de todos, se disparó de inmediato», relata en su libro la editora.

Lola Martínez de Albornoz, de Lumen, explica en el prólogo de El amor según Mafalda que la nueva selección de viñetas que llega tras Femenino singular y En esta familia no hay jefes «podría asumirse como una guía de comportamiento ante las injusticias. Porque lo importante del amor no es el romanticismo de colores pálidos, sino la capacidad de contenernos, el trabajo de la amistad más atenta y, por último, el cuidado de los nuestros, pero también del mundo que habitamos para que siga siendo habitable en el futuro. Por eso, cuando hablamos del 'amor según Mafalda', de lo que estamos hablando es, en realidad, de la esperanza de un mundo mejor».

La vacuna en bocadillos

Mafalda supera el medio siglo. Y en su caso sí parece funcionar esa especie de satisfyer mental de la frase: «Los 50 son los nuevos 30». Su imagen, más que sus sentencias a mazo, está por todas partes, tiene tirón en la generación Touch. Me sorprende ver a mi hija de 10 años dejar El diario de Greg y partirse con algunas viñetas mafalderas, aunque pregunte cosas como «¿mamá, qué es el Alka-seltzer?» o «¿las plantas fabriles qué son?»... O «¿quién es el Llanero Solitario?». Para Susanita, «¡el Llanero solterón!». Para Felipe, sensible, complejo y soñador, la mejor versión de sus fantasías épicas.

El amor de Mafalda tiene una fuerte complexión morfológica, es masculino, femenino, singular y plural. Rotundo pero voluble, tan seguro de sí mismo como capaz de tenderse la emboscada de la contradicción. Esta es la vida. Mafalda ama la verdad, la sinceridad, el coraje, no puede vivir sin los Beatles, tiene amor propio y un sentido de la realidad que evita los castillos en el aire de la idealización. Pero el ideal la mueve a la acción. Ama a sus amigos porque los conoce, o viceversa. Ama lo que son. El amor maternal lo deja para Susanita, de un romanticismo práctico y productivo. En una de las tiras de El amor según Mafalda, Susanita le pregunta a Manolito: «¿Vos qué opinas del amor?». Y él: «¿Del amor a qué?». Hay que concretar el sentimiento, y a eso ayuda también la filosofía de Mafalda.

Aunque por ella no pasen los años, la legión de mafaldistas peina canas... o se las tiñe. Fue en septiembre de 1964 cuando sacó la cabeza en la revista Primera Plana, concebida por Quino como «una niña que intenta resolver el dilema de quiénes son los buenos y quiénes los malos en este mundo». ¿Lo habrá averiguado ya?

«Mafalda vive en una relación dialéctica continua con el mundo adulto, al cual se opone, ridiculiza y repudia, reivindicando su derecho de continuar siendo una nena que no se quiere incorporar al universo adulto de sus padres», señaló Umberto Eco, primer editor de Mafalda en Europa.

García Márquez acuñó el término «quinoterapia» para referirse a un humor con conciencia que da la felicidad. «Quino lleva ya años demostrándonos que los niños son los depositarios de la sabiduría. Lo malo para el mundo es que a medida que crecen van perdiendo el uso de la razón, [...] se casan sin amor, trabajan por dinero, se cepillan los dientes, se cortan las uñas, y al final, convertidos en adultos miserables, no se ahogan en un vaso de agua, sino en un plato de sopa», escribe el nobel en la edición de todas las tiras de Mafalda, en 1992.

La vacuna que siempre ha querido Mafalda es contra el despotismo y la hipocresía. Su personalidad es un amor. Un amor humano, real, con cara, cruz, conflictos y valores que suben el PIB interior.

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