Defreds: «Yo no soy poeta, me perjudica que me coloquen en esa sección»

Nueve libros después, sus citas están en muchas aceras de Madrid y tatuadas en la piel de miles de lectores. El vigués ha desbancado a «Patria» entre los más vendidos


Cuestionado por el sector más purista, Defreds (Vigo, 1984) ni es poeta ni pretende serlo. «A mí no me gusta la poesía. La respeto y la valoro mucho, pero no creo que tenga ese nivel ni tampoco me preocupa. Entiendo que haya gente a la que le moleste que me llamen poeta, porque, claro, con esta poesía de mierda que escribo no les gusta que se vendan mis libros, sino los de Miguel Hernández», apunta este escritor de récord, que acaba de parir su noveno libro, Ya no quedan ciudades. Sin embargo, su mejor creación, dice, siempre será su hija.

­—Enhorabuena, acabas de tener otro hijo.

—Sí, se me acumulan, entre mis libros y mi hija, ja, ja.

­—En el prólogo, Pernas dice que Vigo «suena a un feo muy precioso».

—Sí, Pernas es mi mejor amigo, y lo coge de un texto que hice sobre Vigo en mi segundo libro que dice eso y hace guiño. Esta ciudad tiene fama de ser fea, pero lo es solo en los ojos de quien no la mira bonita. A mí me encanta. Me encantan las ciudades en general, y Vigo es mi favorita porque me encanta vivir aquí. Tiene un libro entero dedicado, el tercero, y en este he querido escribir relatos y titular los capítulos, entre comillas, con ciudades que tienen guiños para mí y que seguramente se quedarán para mí en el recuerdo, pero no están puestos aleatoriamente.

­—¿Alguno de esos relatos ocurrió en alguna de esas ciudades?

—Algunos sí, claro que sí. Lo que pasa que es una cosa que no se va a descubrir. Eso cada persona que lo interprete a su manera, como siempre en mis libros.

­—A Combarro le dedicas una especie de wasaps de alguien que se dirige a otra persona. «¿Qué hubiera pasado si nos hubiéramos conocido en otro momento? ¿Todavía piensas alguna vez en mí?».

—Son pequeñas frases sueltas que hemos dicho, hemos pensado o hemos sentido, y Combarro es una pequeñita ciudad que para mí tiene ese encanto y es muy especial, por eso he querido hacerle ese pequeño homenaje al final del libro. Solo nombrarlo me parece ya positivo, porque muchísima gente, sobre todo de fuera de Galicia, no conoce Combarro y quise hacerle ese guiño. Le tengo mucho cariño. En ciudades pequeñas también pasan cosas bonitas.

­—Dibujas un confinamiento con parejas que ya llegan a él desgastadas, «sabiendo a conciencia que están por estar», dices, pero también ese ardor de quien querría tocarse y no puede: «Ganas de perder el control. De volver a ver cómo tiemblan tus rodillas. Intenta no pensar. Intenta olvidar. No funciona nada. Nada»

—Realmente mis libros no es que tengan una finalidad en concreto, nada es por norma, pero sí son situaciones que he vivido o escuchado. También el título tiene un doble sentido. Para mí Ya no quedan ciudades hace referencia por un lado a esta situación en la que ya no quedan ciudades a las que se pueda ir porque estamos atrapados en las nuestras, y por otro es una alusión a que igual ya no quedan ciudades para recorrer, porque hay algo que se ha acabado. Habrá quien crea que ya no quedan porque ya encontré una ciudad en la que quedarme... Me gusta que cada no pueda darle su propio sentido.

­—¿Eres anárquico?

—Sí, pero siempre lo he sido. Si coges cualquiera de mis ocho libros anteriores verás que mezclo amor, desamor, vida, amistad... todo. No me gusta ordenar, sino que las cosas vayan saliendo. Lo mismo que no me pongo patrones para escribir. Si tengo ganas de escribir igual te escribo diez textos, pero en dos o tres semanas no y no lo hago.

Yo pensé que mi primer libro vendería cincuenta y que ahí se acabaría la historia

­—Hablas un poco de todo.

—Sí, pero esa es la vida, hay un poco de todo en ella. Toco amores, desamores, maltrato, acoso escolar...

­—También tocas los animales, las despedidas y el ghosting. «Gracias por ese mensaje de despedida a través de una pantalla. Es todo un detalle». ¿Hubo muchos en esta pandemia?

—Sí. En el confinamiento ha habido gente que apareció y otra que desapareció de repente, porque ya tenía otros planes.

­—¿Cuál es el «ojalá siempre» de este libro? Una cita apunta maneras: «¿Podrías quedarte un rato más toda la vida?».

—Podría serlo, sí. No quería ser muy repetitivo con los ojalás, aunque seguramente habrá más. Cuando escribí el «ojalá siempre», que fue el primero, era un texto de amor sano y hubo gente que lo adaptó en sus tatuajes para amigos, familiares, madres y padres...

­—Cuando ves titulares como «Los poemas de Defreds arrebatan a 'Patria' el liderato de los más vendidos», ¿vuelves a aquella noche en la que lanzaste tu primer tuit?

—Vamos, es que creo que si lo hubiera pretendido o pensado no habría salido igual. Ha tenido que ocurrir así. Me hace mucha ilusión que ahora con mi noveno libro me escriba gente diciendo que ya lo tiene. Yo pensé que mi primer libro vendería cincuenta y que ahí se acabaría la historia, que sería un recuerdo para toda la vida y fin [vendió 500.000 ejemplares]. Pero las cosas han sido así, creo que principalmente porque nunca lo pretendí. No es algo que me haga fliparme ni nada por el estilo. Me alegra que compren mis libros y tener récords en La Casa del Libro, pero no me paro a pensarlo. Lo haré el día que ya no me pase.

­—Sigue sin gustarte nada que te llamen poeta.

—¡Es que no lo soy! A la gente le suena un poco raro, pero es que a mí no me gusta la poesía tampoco. La respeto y la valoro mucho, me parece complicadísima de escribir, pero es que yo no creo que tenga ese nivel, y tampoco lo pretendo. No es algo que me preocupe. Entiendo que haya gente a la que le moleste que me llamen poeta, porque claro, con esta poesía de mierda que escribo no les gusta que se vendan mis libros, sino los de Miguel Hernández, pero ni le robo el sitio a nadie ni es mi culpa ni yo mismo lo digo. Si a mí me colocan en esa sección no es por voluntad propia. Si pudiera elegir... es más, creo que me perjudica estar en esa sección, fíjate lo que te digo. Es que oigo mucho eso de «Mira el Defreds este que va de poeta». Y yo me quedo como a cuadros. ¿Pero poeta, cuándo? Jamás lo he dicho, es más, lo niego.

­—¿Y por qué crees que te colocan ahí?

—Pues porque son textos cortos, formatos de libro pequeños, y porque en algún sitio hay que colocarlos. Supongo que ahí será más comercial para las librerías ponerlo. Ojalá me pusieran en otro sitio, pero como no depende de mí poco puedo hacer.

­—Si no escribes poemas, ¿qué escribes? ¿Cuál es tu género?

—Pues yo creo que escribo vida, porque son cosas que nos pasan en la vida. Luego sí, son pequeños relatos, narrativa corta, pero ponerle un género, ¿para qué? La gente no se compra los libros porque sea poesía o narrativa, se los compran porque son sentimientos y vida, y con eso me quedo. Hay gente que dice que mi género me lo he inventado. Me vale también.

­—¿Hay mucho prejuicio también?

—Por supuesto, en todos los sectores. Tú pregúntale a Messi o a cualquier cantante si no ha venido alguien a decirle equis. Seguro que sí, pero es algo que al principio no entiendes cuando vienes de la calle. Yo leía críticas e insultos y no entendía por qué. Pero con el paso del tiempo sí, y que las redes son un sitio perfecto para soltar tus malos momentos cagándote en todos, una cosa que yo ni entiendo ni hago, pero pasa.

­—Pero de todas tus creaciones la mejor es tu hija, que también comentaste que había sido tu mayor locura.

—Sí, porque es algo que nunca es como esperas. Siempre te dicen que tener un hijo te cambia todo, pero hasta que no estás no lo sabes, no puedes valorarlo. Evidentemente trae muchos quebraderos de cabeza, disgustos y noches sin dormir, pero también cosas muy buenas e inexplicables que no pueden plasmarse en el papel, aunque lo he intentado muchas veces. No puedes describirlas, solo las puedes sentir. Dicen que tienes que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro y yo ya tengo nueve libros y las otras dos cosas hechas, así que ya he cumplido.

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