«Emilia Pardo Bazán sería aún hoy demasiado voltaje para la RAE»

Jovencísima en el centenario de su muerte, la mujer que vivió, pensó y escribió a su manera es una luz en la batalla de este siglo. Fugas la desnuda con ayuda de sus biógrafas Eva Acosta e Isabel Burdiel y otras voces. La condesa sigue desatando el debate


Con su creatividad de plastilina van modelando los niños los adultos que serán. Hidalga por los cuatro costados, en un ambiente liberal y progresista, nació Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 16 de septiembre de 1851-Madrid, 12 de mayo de 1921). Echó a andar con la cabeza por delante, entre libros, «muchos libros que podía revolver», señala en los apuntes autobiográficos del prólogo de Los pazos de Ulloa en 1886. Con muñecas de tirabuzones, y con un caballo de cartón en el que su pensamiento se adelantó a su tiempo, empezó el juego en el mundo de la mujer que se llamó en el XIX «radical feminista», que creó con la herencia de su padre una revista de la que fue la única redactora, Nuevo Teatro Crítico, que desató con humor y mal humor su pasión, que dio forma a una quimera en Meirás... y que no llegó a ver quemarse parte de su ardiente correspondencia con Lázaro Galdiano o con Pérez Galdós.

 «Fue una personalidad tan libre que ni siquiera se alistó en el feminismo»

«Pardo Bazán se puede seguir leyendo para ver de qué materia estaba hecho el tiempo que vivió. Era mujer de su tiempo, aunque fuera a contracorriente. Pero, sobre todo, fue una mujer curiosa, que no se ciñó a la torre de cristal del literato, ni a nada», retrata Eva Acosta, autora de la biografía La luz en la batalla, que este año reeditará Ediciones del Viento, sobre la mujer que recibió el portazo triple de la RAE. El tiempo de Emilia, «convulso en lo interno, precursor de muchas cosas», tiene sus ecos hoy.

Ella rompió el corsé del XIX pese a ser «muy siglo XIX». «No se pone trabas ni en su forma de escribir ni en su forma de vivir ni de pensar. Emilia siempre repetía la archiconocida frase de su padre: 'Si te dicen alguna vez que hay cosas que pueden hacer los hombres y las mujeres no, di que es mentira, porque no puede haber dos morales para dos sexos'. Pero fue una personalidad tan libre que ni se alistó en el feminismo. Era una grandísima individualista que decía que podía llegar adonde le diera la gana. Ya se encargaron de decirle que se podía ma non troppo...», matiza Eva Acosta.

Lo primero que hay que reivindicar de Pardo Bazán es que es «una de las grandes escritoras europeas de su generación», sostiene la autora de su biografía más reciente, Isabel Burdiel. «En el canon literario del XIX solo entraron dos mujeres, y son las dos gallegas: Rosalía y Pardo Bazán. Pero la lectura de Pardo Bazán es hoy bastante menor de lo que debería ser», advierte la historiadora.

Pardo Bazán de niña, con 8 o 9 años; la autora junto a su madre, un posado con su hijo Jaime en el colo y la condesa en la boda de su hija Blanca en Meirás, fotos cedidas por la Real Academia Galega y la Casa-Museo Emilia Pardo Bazán
Pardo Bazán de niña, con 8 o 9 años; la autora junto a su madre, un posado con su hijo Jaime en el colo y la condesa en la boda de su hija Blanca en Meirás, fotos cedidas por la Real Academia Galega y la Casa-Museo Emilia Pardo Bazán

¿Hay muchas Emilias a la sombra? La cuentista, la mujer apasionada de las cartas, la ensayista que le hizo un traje a la sociedad de su época no es tan famosa.

«Hoy parece que lo único que hizo Pardo Bazán fue acostarse con Galdós... Corremos el riesgo de hacer una Pardo Bazán de sex shop»

«Hoy parece que lo único que hizo Pardo Bazán fue acostarse con Galdós. Hizo 20.000 cosas, y se acostó con más», plantea Eva Acosta. «Lo que me molesta un poco es que hay gente a la que parece que solo le interesa ese punto Mujeres, hombres y viceversa. Ella era una mujer sensible al encanto masculino. Solo aceptaré que era una 'devorahombres' cuando digan que Pérez Galdós era un 'devoramujeres'. Me niego a catalogarla como una ninfómana literaria. Centrémonos, señores y señoras. Corremos el riesgo de hacer una Emilia Pardo Bazán de sex shop».

Con Pardo Bazán el afán etiquetador penduló del «catolicona rancia» a un nuevo mito «bondage».

Durante el franquismo, quedó silenciada salvo en los aspectos más conservadores de su obra. A partir de los 70 se fue recuperando otra figura más potente. «Y los libros siempre los acaban los lectores. La Tribuna puede tener una lectura conservadora o más transgresora», aprecia Burdiel.

«O primeiro libro que comprei cos meus cartos, custoume 25 pesetas, foi unha edición de Los pazos de Ulloa en Bruguera. Lino ao 16 anos fascinado, era a primeira vez que descubría literariamente unha Galicia universal», revela Víctor Fernández Freixanes, presidente de la Real Academia Galega, que solicitó, con éxito, que los 11.000 libros de la biblioteca de la autora se declaren bien de interés cultural, y que prepara, con la coordinación de la escritora Marilar Aleixandre, un abanico de actos para celebrar el año de Emilia Pardo Bazán. Entre estos actos promovidos por la RAG, en consonación con la RAE, habrá un programa escolar y otro de debate en torno a la prolífica autora y un congreso internacional (Emilia Pardo Bazán, 100 anos despois), que reunirá en A Coruña a especialistas y expertos en su obra.

Es indiscutible que suya es la primera novela en España sobre el mundo obrero, sobre las cigarreras de Marineda, pero la cuentista que fascina con El vampiro sorprende también todavía con estas palabras de 1890 de La mujer española: «Para el español, por más liberal y avanzado que sea (...), el ideal femenino no está en el porvenir, ni aun en el presente, sino en el pasado».

Contra el «paletismo hispano»

«Ella entra siempre como un elefante en una cacharrería. Cuando se establece en Madrid y ve cómo vuelan los cuchillos su posición es más discreta... Y luego se inventa el personaje de doña Emilia», avanza Eva Acosta.

¿Aún hay mucho estereotipo barato de Pardo Bazán? «Hay una serie de adherencias a la idea del personaje estrafalario, marimandón. Eso mejoró por una parte, pero por otra estamos cayendo en el riesgo de verla como 'la avanzadísima'. Hoy, una feminista no es a lo que ella se refería al llamarse feminista. No la imagino en el 'Hermana, estoy contigo'. No podemos meter a la fuerza a la autora en el molde del feminismo de hoy. La gran sorpresa de Emilia es que no se deja atrapar», asevera Eva.

La niña bizca de leer, la hija orgullosa del padre pero independiente, la que se casó con José Quiroga en Meirás en 1868, y se separó sin drama ni remordimiento, la amante amiga, la autora profesional, la joven carlista, la mujer que sintió el hechizo de la maternidad («No eché de menos a Jaime hasta que nació: pero ahora cifro en él mi mayor encanto», le escribió a Giner de los Ríos en 1876), la condesa que se fue quedando muy confinada en sí... Todas las Emilias invitan a leer más.

«Que no escribiese en gallego es uno de los reproches que le hace hoy una parte de Galicia. Ella leía mucho en gallego. Era muy consciente de que las lenguas se crean, de que la diferencia entre una lengua y un dialecto es producto de la acción política y de la historia —dice Burdiel—. Al tiempo, políticamente se sentía española, creía en una nación plena de diversidad. ¿Se puede decir que Murguía no es un escritor gallego por no haber escrito en gallego?».

«Era unha muller libre, que amosaba, sobre todo, liberdade de pensamento», valora Freixanes, que editó en el 2014 en Galaxia El vidrio roto. Cuentos paras las Américas, edición a cargo de González Herrán.

La faceta de los cuentos de terror es reivindicada por la profesora Isabel Parreño, que coeditó el volumen de cartas Miquiño mío, una parte de la correspondencia que Pardo Bazán mantuvo con Galdós entre 1883 y 1915, tras su hallazgo en la casa-museo de la escritora en A Coruña. «Me encanta esa carta en la que ella le dice: 'Tienes la gracia del mundo y me gustas más que ningún libro'», revela Parreño, que se fascinó con el hallazgo de las cartas desordenada y dio forma en un volumen reeditado el año pasado con material inédito a «una especie de secuencia de la relación entre los dos, de la pasión amorosa del ímpetu de los primeros años a su amistad tranquila de los últimos». «En esas cartas ves la evolución de esa relación, que deja un poso de melancolía», comenta la editora, que defiende que la relación de los autores va más allá de lo sexual, y que es testimonio también de una época intelectualmente fogosa. «Las cartas de Pardo Bazán son mucho más que el 'Miquiño mío' y el 'te como el bigote'. Esta es una parte mínima de la relación que mantuvo con Galdós una mujer apasionada, muy libre. Va mucho más allá de lo sexual, y a veces la gente se queda solo con esto. Hay que contextualizarlo. Oyes cosas... Un ejemplo: hay un momento en una de sus cartas en el que ella habla de una prenda íntima que se le quedó en un carruaje, yo he leído desde que eran las bragas de Pardo Bazán al 'sujetador que le mandó a Benito en un sobre'. Una prenda íntima no tiene por qué ser una braga. Y si eran amantes, y se escribían esas cosas en la intimidad, que tire la piedra quien enamorado no diga esas cosas... Hay que quitarle el estereotipo de encima».

En sus cartas más apasionadas, Emilia baila con el fuego, salta, está muy viva, pero la cuentista parece ser hoy la gran conquistadora del público más joven. Sus cuentos, dice Xulia Santiso, conservadora de la casa-museo de la autora en A Coruña, «son pílulas de enorme calidade. Cortázar di que os contos teñen que gañar por k.o. e as novelas por estratexia. Todos os contos de Pardo Bazán son k.o., labazadas!».

De Pardo Bazán casi todo está vivo, «como están vivas 10.000 cosas que la indignaban sobre el paletismo hispano —dispara Eva Acosta—. A poco que rasques un poquito en el diseño de hoy salen resabios de aquello...». «A palabra mujericidio foi a primeira en empregala, pero hai que mirar máis alá do seu feminismo. Emilia é unha intelectual que o que fai é estrañarse de non poder entrar naturalmente nun mundo de homes, e por iso revisa a posición da muller en Europa».

Tenemos algunas de las cartas que le escribió a Galdós, ¿pero y las de él? Una de las teorías es que las quemó Carmen Polo al entrar en Meirás. «Parece que un libreiro de Madrid viu esas cartas, estarían en mans dun coleccionista que non quere vendelas. Por que espiu a Pardo Bazán e non a Pérez Galdós? O seu é un diálogo de dúas almas grandes, libres», valora Santiso.

¿Entraría hoy Pardo Bazán en la Real Academia Española? «Creo que le gustaría, que le haría gracia... —se moja con humor la autora de su primera biografía—No hay nadie hoy, ni caballero ni señora, con su volumen artístico. No hay nadie comparable a ella en el panorama hispano. Vendría a ser como una mezcla de Alfonso Sastre y Almudena Grandes... No habría más remedio que dejarla entrar, pero sería aún demasiado voltaje para la RAE. ¡Aquello se fundiría si ella entrase! Galicia debe sentirse orgullosa de Pardo Bazán y reivindicarla todavía más».

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