El escritor y la casa: ¿dónde se cocinan las novelas?

Dolores Redondo, Juan Tallón y Manuel Rivas escriben en cada esquina, María Oruña tiene su rincón junto a la chimenea en el salón. Ledicia Costas, compañías que no le quitan ojo. Los autores revelan cómo es su relación con la casa y sus rincones favoritos para escribir

El escritor Juan Tallón, autor de «Rewind», llevó a cabo en la pandemia una «mudanza interior»
El escritor Juan Tallón, autor de «Rewind», llevó a cabo en la pandemia una «mudanza interior»

Hay casas de dos páginas y casas novelón. Casas museo para repetir visita y libros como casas para pasar un verano o una vida. La literatura nos ha cogido confinados. «Yo soy una gran viajera de mi casa», asegura Dolores Redondo (San Sebastián, 1969), que acaba de reeditar su primera y apenas conocida novela, Los privilegios del ángel. La autora de la trilogía del Baztán se mueve, para leer y escribir, por todos los rincones de su casa. Como Juan Tallón (Vilardevós, 1975), que aduce una relación «intensa» con su hogar, y Manuel Rivas (A Coruña, 1957), que se mudó muchas veces. «Son un escritor ambulante. A miña condición de xornalista e a de ensinante da miña muller, Isabel, fan que a nosa toponimia de vida se pareza ao mapa de Fontán! Cambiamos moito de casa, e para min a mudanza equivale a unha guerra...», cuenta el autor de Zona a defender.

El confinamiento ha traído redundancias, cuentas nuevas, mudanzas y reformas, operaciones que tienen algo que ver con el oficio de dar forma con las letras a otras realidades. «Nós fixemos unha mudanza interior», revela Tallón, involucrando en la primera persona del plural a su pareja. El salón de su casa se convirtió, con la pandemia, en dos despachos. «E o que antes era o despacho agora é o salón. É un cambio agresivo! Non creo que devolvamos o salón ao seu sitio orixinal. Porque foron necesarios un montón de cambios, houbo que mover moitos libros... E a miña mesa de traballo, que me fixo meu pai hai doce anos e pesa 300 quilos. Para movela hai que desmontala e quitarlle as patas e aínda así necesitas varias persoas. Foi un cristo do copón», comenta el autor de Rewind.

Tallón: «Hai días que teño traballado dentro da bañeira. O cuarto de baño é moi fresquiño...»

Tallón va escribiendo por las esquinas. «Non son capaz de estar 20 minutos quieto. Estou no chan, tombado. Ou traballo na cociña... Como eu son o que cociña habitualmente, marcho co ordenador para a cociña. E cando chega a primavera e o principio do verán, voume á terraza e traballo fóra durante horas. Chega o calor ourensán de xullo, de 45 graos, e non hai quen estea fóra. Para dentro. Hai días que teño traballado dentro da bañeira. O cuarto de baño é moi fresquiño», asegura.

¿UNA RELACIÓN DE AMOR-ODIO?

Hay un mundo, en todo caso, tras el lugar en el que un escritor crea, refuerza Dolores Redondo (San Sebastián, 1969). «Con 14 años compartía habitación con mi hermana. Entonces, yo tenía una Olivetti tocha en una mesa donde escribía por las mañanas. Por la noche, escribía a mano y durante el día lo iba pasando a máquina. Luego tuve una máquina electrónica, grande y muy pesada, que tenía la ventaja de que, al llevar una pantallita líquida, permitía cometer menos errores. Podías volver atrás, ¡pero eran como disparos de ametralladora! Luego pasé al ordenador y al fin pude escribir de noche», relata Redondo. «Ya vivía con mi marido», añade quien dice que a mano imagina «mucho mejor».

Dolores Redondo en su despacho en casa, con Batman a su espalda
Dolores Redondo en su despacho en casa, con Batman a su espalda
«Dolores Redondo: «Escribo en la cocina, escribo en el salón y, por supuesto, en el dormitorio. Hasta tengo un cuarto de baño con un sofá Chester y una librería»

Dolores Redondo trabaja en «el búnker». «Es un ordenador sin conexión a Internet», explica. «Viajo con el portátil a todas las partes de la casa. Escribo en la cocina, escribo en el salón y, por supuesto, en el dormitorio. Hasta tengo un cuarto de baño con un sofá Chester y una librería ¡para ponerte a leer o a escribir!», revela. Pero hoy su debilidad es un espacio de reciente creación en la casa, el invernadero: «Es mi pequeño paraíso».

Manuel Rivas antes de que estallase la pandemia, en el 2019, en uno de los cafés donde solía escribir
Manuel Rivas antes de que estallase la pandemia, en el 2019, en uno de los cafés donde solía escribir

La cocina es para Rivas, como para Carver, un lugar de inspiración. «En principio, hai na casa un lugar propicio para escribir, pero eu nunca acabo escribindo onde debía estar. Se hai un lugar bo e unha mesa grande para escribir, sempre acabo, estraño efecto, nun recanto escuro, pequeno, acubillado... A mesa da cociña é especial. Era onde de neno facía os deberes coa miña irmá María. Creo que daquela facía tanto frío, tanta humidade en todas partes, que buscabas o calor do fogar. Escribir é unha especie de saudade do fogar. Por algo se di que os pobos que perden os contos morren de frío, non?», reflexiona.

María Oruña, autora de «El bosque de los cuatro vientos», en su lugar de trabajo en casa
María Oruña, autora de «El bosque de los cuatro vientos», en su lugar de trabajo en casa
María Oruña: «Con mi casa tengo una relación de amor-odio»

NADA AL FUEGO

«Con mi casa tengo una relación de amor-odio. Son tantas horas dentro...», confiesa María Oruña (Vigo, 1976). La autora de El bosque de los cuatro vientos vive en una «casita» al lado del mar, «tan extraña que entramos a través de un túnel». Llena «de recovecos imposibles», la sometió a una reforma integral para darle forma de loft. «Trabajo en el salón, dividido en dos ambientes. Me pongo bajo un techo de madera, en mi esquina», cuenta. Allí escribe la autora de Puerto escondido en el horario escolar de su hijo. Allí están sus libros, junto a la chimenea. Y cuando cae la noche, María Oruña sigue trabajando, con cascos y música suave. Por el contario, Juan Tallón necesita el silencio para escribir. «A música, cando escribo, é ruído», dice él. «Con los cascos me aíslo, estoy en mi mundo -comenta ella-. Lo que no puedo es ver nada desordenado, ¡ni tener nada al fuego! Salvo que haga pollo al horno y suene la campana», matiza la escritora.

El universo de «Fraggle Rock» marcó a Ledicia Costas, que tiene compañías animadas para escribir
El universo de «Fraggle Rock» marcó a Ledicia Costas, que tiene compañías animadas para escribir
Ledicia Costas: «Estou rodeada de obxectos importantes, síntome moi ben acompañada. Entrar no meu estudo é entrar no meu universo»

Cerca de María Oruña vive, y escribe, Ledicia Costas, que tiene una relación «estupenda» con su casa. «A nosa é unha relación moi especial, porque nese espazo paso a maior parte das horas que ten o día. Estou soa, pero rodeada de obxectos que, para min, son importantes, cunha carga simbólica. Síntome moi acompañada», asegura la autora de Infamia, que prepara ya nueva novela para adultos. Ledicia escribe rodeada de personajes que marcaron su infancia y su adolescencia, como ET, Rosi de Fraggle Rock, la Reina de Corazones, un Gremlin («o bo!») o Mary Poppins.

Donde maquina la creadora de A señorita Bubble, en un piso de 80 metros cuadrados bien aprovechados, veréis también bolas de cristal de nieve, el trofeo del Premio Merlín y el diploma del Premio Nacional, que recibió en el 2015. Ledicia es una gran fetichista de la infancia. «Entrar no meu estudo é entrar no meu universo, no da muller e o da escritora. Teño moitos libros importantes á vista», indica. En primera fila, guardián de la fantasía, un ejemplar de Cuentos maravillosos del mundo entero, de James Riordan. «No 1986, o ano que naceu a miña irmá, o Círculo de Lectores púxoo á venda, e regaloumo o meu padriño. É o único agasallo que conservo del, que morreu de sobredose. Foi unha das vítimas da heroína. De tanto lelo, o libro esfolouse completamente. Pero unha persoa moi especial regaloume hai un ano un novo exemplar. E téñoo en primeira plana!», cuenta Costas. «Todo o levo a cabo entre estas paredes», asegura. Sobre el suelo, una alfombra con escenas de Twin Peaks.

Manuel Rivas: «Como dixo Steiner, dádeme unha mesa de traballo e xa teño unha patria. Se, ademais, esa mesa é a da cociña, que bo lugar...»

«Este é o meu cuarto propio -defiende-. Fíxeno á miña medida. Pouco a pouco». «Escribir é ir inventando, construíndo, un lugar propio», apunta Manuel Rivas. «Como dixo Steiner, dádeme unha mesa de traballo e xa teño unha patria», cita. Mesa, libros y café, una patria. «E se esa mesa é a da cociña, que bo lugar para convocar a escrita».

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