Enrique Otero, nominado a diez Mestre Mateo por «Honeymoon»: «Ahora las pelis se hacen para que vayas a por un sándwich y no te pierdas nada»
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«En los Goya hay 2.000 académicos madrileños y unos 40 gallegos. ¿Al final quién vota?», apunta Otero, que ha rodado con Javier Gutiérrez y Nathalie Poza un filme de «huida y vuelta»
28 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Enrique Otero, Quique para los amigos, está de enhorabuena. Su última película, Honeymoon, que interpretan Javier Gutiérrez y Nathalie Poza, ha conseguido diez nominaciones a los Mestre Mateo. Unos premios que este director ya consiguió con Crebinsky, un filme que obtuvo cuatro galardones, incluido el de mejor actor para Miguel de Lira. Ahora, Otero está «contento» porque, además, Honeymoon ha alcanzado muchos visionados en Amazon Prime, donde se puede ver. «Ya sabes que en los cines es complicado. Las pelis no aguantan más de tres semanas o un mes», apunta este gallego que destaca por llevar la alegría a los rodajes: «Lo intento. Para una vida que voy a vivir, prefiero estar con la sonrisa en la boca; peleo diariamente por ello y creo que para que salga bien el trabajo, el 70% es eso», señala Quique Otero.
—Tú no eres muy prolífico a la hora de crear, una vez me dijiste que prefieres cuatro cosas bien hechas que muchas y regulares. ¿Estás satisfecho con este rodaje?
—Sí, sigo en la misma idea. ¿Qué pasa? Que para tener un proyecto bueno, tienes que estar trabajando en tres o cuatro a la vez. Yo ahora mismo estoy con dos series y dos películas. Seguramente al final haré una, o como mucho dos, de esas cuatro. Pero para poder seleccionar finalmente algo bueno, tienes que abrir mucho el abanico. El rodaje de Honeymoon lo recuerdo superfluido, muy amable, piensa que además de director yo estaba como productor, y fue una suerte contar con esos actorazos. Estaban, además, de los protagonistas, María Vázquez, Pablo Derqui, Albizu...
—¿De qué van esas series y películas en las que estás?
—Uno es un thriller europeo, que no se rodaría aquí en España. Y tengo otro largo que estoy rematando sobre la movida de Vigo de los 80. La historia de una chica punk que empezó aquí y que luego se fue a Londres, triunfó y lo cuenta desde allá. Y luego estoy con una serie sobre el tema de la vivienda. Muy actual, evidentemente. Hay que estar ahí, sobre todo cuando entras en el mundo de vendérselo a las plataformas. Es lo que reclaman y sin ellas difícilmente se puede aguantar. El cine ya ves cómo está: películas de superhéroes, comedia romántica, comedia familiar, un poquito de terror y se acabó.
—¿Y cómo venderías «Honeymoon»?
—Como una comedia de humor negro, que también es un thriller con formato de road movie. Tiene un poco de todo, pero sobre todo es una historia de amor dura, de una pareja que se está acabando, y que, a partir de que les sucede algo grave, salen de su zona de confort y vuelven a reconocerse.
—Me gusta esa definición que diste una vez: «Es una historia de huida y vuelta».
—Exacto, es que es de huida y vuelta, justo cuando empiezan a huir de su vida es cuando comienzan a rememorarse, a recordar lo que fueron en un momento dado.
—Javier Gutiérrez me confesó a raíz del rodaje: «Ahora que todo es muy Tinder, yo creo en el amor». ¿Tú también?
—Yo ya sabes que sí, soy un romántico terrible. Hoy, que es todo tan poliamoroso, es muy complicado, pero, bueno, a mí también me gusta defender la bandera del amor en lo creativo, siempre lo hago. Fíjate que en mi primera película uno buscaba el amor de la infancia y otro su amor, que era la vaca que cuidaba.
—También te gusta hurgar en las miserias humanas, tus personajes son poliédricos.
—A ver, pero como es la vida. Yo soy bueno por la mañana y por la tarde hago una desfeita. Creo que todos llevamos un poco de todo dentro. Recuerdo una película que ganó un Óscar, que era de un policía americano que paraba a unos negros y de repente se portaba fatal con ellos, a la chica la empezaba a tocar y después llegaba a su casa y cuidaba a su padre con una ternura... Por eso también me gusta el cruce de géneros. No me gustan nada las películas previsibles, y cada vez son más previsibles.
—¿Tú crees?
—Lo que digo es que las plataformas las encargan para que tú puedas levantarte a coger un sándwich a la cocina y no pierdas nada. Estamos perdiendo esa capacidad porque con lo de los móviles y las redes sociales y el dedito de arriba para abajo en estímulos de 10 segundos, pues es difícil que la gente se concentre. Y los niños ni te cuento. Mi hija es que solo quiere el estribillo de la canción, ya no la aguanta entera. Y escucha los audios a 2x, yo creo que todos vamos a 2x y la vida debería ser más relajada.
—En los Goya hemos visto mucho cine catalán, vasco... ¿Y el gallego?
—Bueno, no me hagas entrar en esa disquisición. Los académicos casi todos son madrileños; y catalanes y vascos hay un montón. ¿Quién vota al final? También hay política en el medio, claro que la hay. Hay dos mil y pico académicos madrileños y cuarenta gallegos. O sesenta, ¿qué quieres? Estamos alejados del epicentro, salvo dos productoras que trabajan para Netflix. Yo vi El 47 el otro día, y es una peli bien hecha. Eduard Fernández para mí es un monstruo, de lo mejor de este país. Pero, bueno, la peli, está bien, pero es previsible, un poco de contentar a la gente. No me enamoró.
—Los actores gallegos son muy reclamados, los técnicos y los directores gallegos también. ¿Por qué las películas gallegas no?
—Yo lo que veo es que igual vendemos el producto nacional como producto gallego. Como producto nuestro no hay una defensa y una unión. ¿Cómo decirte? Es un sector en el que es difícil la unidad, porque cada uno va un poco a lo suyo. Desde Agadic sí que hacen trabajo de venta de todo esto, pero la verdad es que no nos vendemos bien fuera de Galicia. Llega uno, llega otro, pues Jorge Coira, o Lo que arde, que sí, ahora lo está produciendo Almodóvar; yo estoy haciendo mis pinitos en Madrid... Pero acuérdate de los catalanes, de Buenafuente y Évole, con el Terrat, ellos llegan a Madrid y se lo comen. Sin complejos. Y nosotros como que estamos a ver si podemos meter la patita.
—¿Define con una palabra a Nathalie Poza y a Javier Gutiérrez?
—La profesionalidad en los dos casos, pero tienen un modus operandi totalmente opuesto. Nathalie lo trae todo hiperpreparado, ella, por ejemplo, de su personaje se hizo un background de toda la historia, cosas que ni siquiera yo había pensado. Javier, aunque lo traiga preparado, es más del momento. Y una palabra que define a Javier es bondad, es entrega... Yo lo considero un amigo.