Megan Maxwell, la autora que ha vendido más de siete millones de libros y publicado 61 títulos: «Me leen juezas, cajeras y limpiadoras, el reconocimiento me lo dan los lectores»

FUGAS

La escritora Megan Maxwell.
La escritora Megan Maxwell. cedida

La reina de la novela romántica contemporánea defiende el poder del género con el que triunfa

23 ago 2025 . Actualizado a las 19:12 h.

Pocos, muy pocos escritores en España pueden presumir de unas cifras como las suyas. Megan Maxwell, el seudónimo tras el que está María del Carmen Rodríguez del Álamo Lázaro (Núremberg, 1965), lleva vendidos más de siete millones de libros. Como no podía ser de otra forma, su último título, Nuestro largo adiós (Esencia, Planeta) está en lo alto de la lista de los más vendidos. A punto de empezar las vacaciones y en plena promoción, responde al teléfono desde Madrid mientras repasa su próxima historia, prevista para el otoño. Su imaginación no descansa.

Lleva 61 libros publicados. «En casa, cuando era pequeña, me llamaban Antoñita la Fantástica. Me gustaba muchísimo inventarme mundos», cuenta. Su propia vida es uno poco de novela: «Tendría 26 años cuando terminé la primera. Trabajaba de secretaria en una asesoría jurídica y escribía por las noches. Soy de las afortunadas que vivo de lo que escribo».

­—¿Cuántos libros escribe al año?

—Hasta ahora, escribía tres por año, pero quiero bajar el ritmo a dos, para descansar.

­—¿Daba por hecho el éxito del último, o eso nunca hay que presuponerlo?

—Tú quieres esperarlo siempre, pero en estas cosas nunca se sabe. Soy yo la que lo escribe, pero es la gente quien lo compra.

­—«Nuestro largo adiós» transcurre en Ibiza y Santorini. Hay romanticismo, pero también toca temas como el aborto.

—Estamos en el siglo XXI y la realidad es la que es. Dentro del romanticismo está la vida y, dentro de la vida, hay muchas cosas de las que hablar, no solamente de amor.

­—¿Le molesta que la encasillen dentro del género de la novela romántica?

—Que me encasillen en las cosas no me gusta, pero no puedo decir que soy escritora de thrillers, porque solo he escrito uno. Así que, si le tengo que explicar a alguien a qué me dedico, siempre digo que soy escritora de novela romántica, y lo digo con orgullo. Sé que muchas veces está considerada como de segunda categoría. Pienso que hay gente que no lee mucho si lo ve así o no le da muchas oportunidades a las cosas que pasan en la vida.

—¿Pesa todavía el sambenito de novela escrita por y para mujeres?

—Hay una cosa que me hace mucha gracia y es lo de la literatura de élite. Creo que hay que respetar el trabajo de los demás. No eres ni peor ni mejor persona por leer una cosa u otra. Una vez me lo comentaron, hace tiempo. «Claro, es que a ti te leen personas con bajos estudios, cajeras de supermercados, tal y cual». Sí, a mí me leen cajeras de supermercado y me leen juezas. Me leen abogadas y personas que trabajan limpiando casas. Ahora ya no se dice tanto, pero hace unos años salió eso de ''porno para mamás'', una expresión horrorosa. Ridícula y absurda. Nunca escuché que a un libro escrito por un hombre lo llamen ''porno para papás''. A veces, cuando veo cierta publicidad de algunas novelas, yo, que estoy metida en el tema, digo: «Madre mía, si yo he vendido siete veces más». Pero después pienso: «A mí, el reconocimiento me lo dan los lectores».

—¿Y la leen hombres?

—Aunque un 65 % de mis lectoras son mujeres, también me leen hombres. A diferencia de ellas, que me lo dicen públicamente, en redes sociales, los hombres, al principio, me escribían para decírmelo en privado. Ahora, a mis presentaciones vienen más lectores, y a las firmas de libros, y me dejan mensajes en mi muro para comentar si les gustó la novela.

—¿Era lectora de Corín Tellado, la española, después de Cervantes, más leída?

—Yo no, pero sí mi madre. Olé por esa mujer, qué poco reconocida la tenemos. Soy defensora de la novela romántica, quizá porque mi madre siempre ha sido una grandísima lectora de novela romántica y porque estoy acostumbrada a, desde pequeña, ir a la librería a comprarle libros. No es que estuvieran escondidos, pero siempre estaban allí, abajo, al fondo a la izquierda. Hoy me encanta ver que tanto mis novelas como las de otros compañeros están en buenos sitios, posicionadas.

—Dijo en una ocasión que el amor caduca como los yogures. ¿Lo sique pensando?

—Me encantaría decirte que sí, que creo en el amor eterno, pero no. Pienso que el único amor eterno que puede existir, a lo mejor, es el de las madres a los hijos. Creo en la amistad, y me encanta el romanticismo. Me encanta que cuando conoces a alguien existan esas cosas tan bonitas que suelen ocurrir, la pena es que, con el tiempo, se enfrían o se van. Muchas mujeres, y hombres, me dicen que nunca vivieron una historia de amor y que, cuando leen un libro mío, la viven. Yo viví una, tuve esa suerte, pero creo que esas cosas ya están caducadas para mí. A lo mejor, un día lees: «Megan Maxwell, locamente enamorada», pero no lo creo [y se ríe].

—¿En casa es Megan o María del Carmen?

—Nadie me llama María del Carmen. Mi padre es americano y siempre me gustó Megan. Cuando iba a publicar, me dijeron que necesitaba un apellido, y pensé en Maxwell. Es uno de mis cantantes favoritos.