Los vizcaínos se han hecho grandes, en todos los sentidos. Decenas de festivales, «sold out» en Santiago, fin de gira en el Movistar Arena y un disco con colaboradores de lujo
20 nov 2025 . Actualizado a las 18:21 h.Quizá les costó un poco más ganarse la credibilidad que a otras bandas coetáneas de la misma escena. Pero a base de tesón, honestidad y una notale dosis de épica, en sus canciones y en su actitud, ahí están, en lo alto. El año que termina ha ratificado su poder de magnetismo y su conexión con el público. Ellos lo agradecen con la publicación de El presente... y los días que vendrán, una reedición de su último disco con nuevas versiones junto a artistas de la talla de Iván Ferreiro, Tanxugueiras, Rafa Val (Viva Suecia), Nina (Morgan), En Tol Sarmiento o No Te Va Gustar. El viernes 28 actúan en Santiago con todo vendido desde hace meses.
—¿Por qué habéis publicado este disco?
—Era una manera de hacer un homenaje a esta gira de dos años con más de cien conciertos. En este lapso de tiempo las canciones han cambiado y han ganado en intensidad, y nos hemos ido encontrando con gente con la que hemos colaborado. Nos daba pena que eso no quedara plasmado.
—Una de las colaboraciones es con Tanxugueiras.
—Yo siempre he sentido una conexión muy potente con el folklore gallego. A Tanxugueiras las conocí antes de toda aquella vorágine en la que crecieron muchísimo. Años después, coincidimos en un festival, hicimos muy buenas migas y ahí surgió la posibilidad de regrabar con ellas Movimiento, que era una canción que ya tenía un punto de aquelarre y como muy de raíces. Con ellas he vivido además uno de los momentos más mágicos de esta gira. Las invitamos a cantar en uno de los conciertos que dimos en La Riviera. Y cuando llegó la parte final de la canción, que es como el clímax, con mucha percusión y mucha intensidad, me fui del escenario porque me di cuenta de que estaba sobrando allí, que no tenía nada que aportar. Me fui para ver lo que hacían y para disfrutar, porque lo que ellas estaban consiguiendo era increíble y superpotente. Era casi un trance.
—Otra presencia gallega es la de Iván Ferreiro.
—Fue muy natural. Cuando estábamos componiendo Gato azul, escuchábamos ahí su voz. Así de simple. Se lo comentamos y, como los grandes, nos lo puso todo muy fácil y encajó a la primera.
—En cualquier caso, no os habéis limitado a meter la voz del artista invitado, sino que prácticamente habéis rehecho las canciones.
—Una de nuestras premisas para este disco era que se viera claramente la identidad del artista que colaboraba y para eso había que llevar la canción a su terreno.
—¿Qué aprende uno de sus canciones cuando las escucha en las voces de otros?
—Aprendes que son tan suyas como nuestras. Es maravilloso cuando alguien te llega con su interpretación y ves que no tiene nada que ver con la idea original, pero que la canción es igual o más fascinante.
—¿Qué esperáis de los días que vendrán?
—Ya estamos trabajando en los días que vendrán. De hecho, pronto habrá una cosilla a modo de antesala de lo que vendrá después. Te anticipo que el 2026 va a ser un año potente, en el que os vamos a sorprender por el formato y por lo que vamos a llevar a los escenarios. Y hasta ahí puedo leer.
—En alguna ocasión te he escuchado hablar de la canción como cobijo. Además de poético, qué necesario es, ¿no?
—Desde siempre, las canciones han sido hogar. Cuando hay una tempestad en tu vida, buscas la canción perfecta que te rescate, en la que cobijarte, la que te dice lo que lo que necesitas escuchar, la que te da ese abrazo que tantas veces uno precisa.
—¿Cuál es tu canción cobijo?
—Uf, unas cuantas. Pero, mira, aunque pueda sonar egocéntrico, la versión de Los días que vendrán, con Nina, te aseguro que me ha hecho llorar mucho. Es una canción que escribiéndola ya me cayeron lágrimas, pero en cuanto escuché a Nina grabar las primeras frases, ya sentí algo que se rompía y que se arreglaba a la vez por dentro. Sigue siendo una canción que me pongo en casa y que me emociona mucho, mucho.
—¿Cualquier emoción se puede convertir en canción?
—Sí, de hecho muchas veces las canciones son una puerta para que asomen emociones que tenías por ahí escondidas o en la sombra. Es verdad que a la hora de escribir, no es lo mismo hacerlo desde la tristeza que desde la tranquilidad, la felicidad o la calma, aunque sea recordando esos momentos más oscuros. Hay gente que cuando está verdaderamente jodida, es cuando escribe. Y ahí, vomitan. A mí me cuesta más.
—¿Hasta qué punto te afecta a la hora de escribir todo lo que está pasando en la sociedad a tu alrededor?
—Me afecta mucho. De hecho, tenemos letras que son simplemente descriptivas de lo que vivimos y de lo que vemos. A veces son críticas y otras no tanto, pero no es poesía, es la fotografía de un instante o de un momento, tanto histórico como social. Recuerdo que una persona vino a vernos hace unos años y nos dijo: «Sé de qué pie cojeáis, pero os voy a pedir una firma igualmente» (se ríe). Creo que nuestra postura respecto a muchas asuntos sociales es clara y lo que estamos viviendo en el mundo en los últimos años es catastrófico, es una distopía que sí que nos lo cuentan hace algún tiempo diríamos «no, esto no puede pasar». Pero está pasando.
—Si Shinova fuese un territorio, ¿cuál sería su paisaje?
—La montañas serán las del Duranguesado y en la costa alternaría las playas del Cantábrico con las de mi tierra de origen, Canarias. Y creo que Shinova tiene una parte volcánica también. Sería un volcán del norte.
—Si no tuvieses un grupo de rock, ¿de qué sería tu grupo?
—Posiblemente haría folk con una mezcla de muchas cosas. Me encanta escuchar folías y también sigo de cerca la escena urbana canaria... Entonces, yo creo que sería algo cercano al mestizaje.
—La escena musical española se está rejuveneciendo considerablemente, ¿quién os viene pisando los talones?
—Estamos en un momento increíble. Yo no recuerdo nada parecido. Tienes a Viva Suecia o a Arde Bogotá en lo más alto. Ultraligera están superpotentes y van a ser una de las bandas grandes de nuestra música. Niña Polaca es también una banda increíble. Sobrezero acaban de empezar pero ya tienen unos temazos y un directo buenísimo... Y no he nombrado a los que ya estaban antes de que llegáramos nosotros y que siguen ahí con todas las de la ley. Gente que lleva muchos años haciéndolo muy bien y de los que hemos aprendido. Es un momento de crecimiento general tremendo que nos beneficia a todos.
—Cuéntame algo que casi nadie sepa de Shinova.
—Hace nada nos comentaba un amigo si un día nos pusieran una cámara como en The Office, nos haríamos de oro. Y es verdad. Somos una panda de payasos. Delante de la cámara y en el escenario somos muy serios, pero detrás nos reímos muchísimo. Y esa es la suerte porque pasmos muchísimo tiempo juntos fuera de casa.